Capítulo 4

Imagen del Señor Conde de Galves
 
El virreinato de la Nueva España abarcaba un extenso territorio. Los virreyes, siempre españoles, llegaban a gobernar un pueblo que les era totalmente desconocido.
Imagen de la Plaza Mayor
 
La Plaza Mayor era el centro de la actividad colonial.
Los principales edificios de la ciudad enmarcaban un espacio por el que pasaba toda la sociedad novohispana:
el virrey en su lujoso carruaje,
las damas y los señores que iban a misa a la Catedral,
los ricos comerciantes del Parián,
los vendedores del mercado,
los compradores de artículos de lujo o de los objetos más humildes,
los curiosos, los forasteros, los ladrones...

Imagen del Parián
 

El Parián era un mercado cerrado y sus locales se llamaban cajones.
En ellos se encontraban mercancías de Europa y Asia:
ricos brocados, marfiles, cristales, armas, las preciadas labores de los plateros mexicanos.
Dos calles del Parián eran de zapaterías, ahí se podía comprar desde el calzado común, hasta el más lujoso forrado de raso o terciopelo.
En los cajones que se extendían afuera había, además de comestibles, todo tipo de telas, ropa usada, herramientas, dulces, pequeños objetos de adorno.

Imagen de los puestos de verduras

Imagen de puestos dentro del parián

Imagen que muestra un ladrón dentro del parián
En los puestos de la Plaza se vendían pescado, carne, fruta, legumbres, semillas, aves, pan, queso, leche, miel.
Los comerciantes y los forasteros comían tamales, atole y otros platillos que se preparaban en algunos puestos del mercado .
En la ciudad abundaban ladrones y mendigos, especialmente allí donde se concentraba mucha gente o estaban las casas más ricas.
Imagen de doncellas desde su balcón

Esta pintura de la Plaza Mayor, vista desde lo alto del Palacio de los Virreyes,
nos muestra a la derecha la Catedral, al frente el Parián y, atrás de él, el Portal de los Mercaderes.
Cerca de la Plaza quedaba la Universidad y era muy prestigioso estudiar en ella.

Imagen de una pintura de la Plaza Mayor

 

Imagen  de un grabado de Garbriel Fernández Ledesma para conmemorar el cuarto centenario de la imprenta en México
Grabado de Gabriel Fernández Ledesma
para conmemorar el cuarto centenario de la imprenta en México.

En 1539 se instaló en México la primera imprenta de América.
Los libros que se editaban eran en su mayoría religiosos .

Algunas personas se hacían traer libros de España,
pero no eran muchos los que tenían una biblioteca en su casa.
En general se utilizaban las bibliotecas de los conventos.
Una de las bibliotecas más importantes de La Colonia,
fue la organizada por el obispo Palafox
en la ciudad de Puebla.
La Inquisición mantenía un riguroso control tanto sobre los libros que se publicaban en el país como sobre los que se traían de Europa .



Hubo, como en todas las épocas,
personas que se dedicaron a las ciencias y a las letras.
Actualmente se sigue leyendo las obras de teatro
de Juan Ruiz de Alarcón
o las poesías de Sor Juana Inés de la Cruz.

Sor Juana fue renombrada por sus conocimientos y,
lo mismo que el astrónomo Sigüenza y Góngora,
no sólo estudió los textos europeos y
de la Antigüedad clásica que se usaban en las universidades,
sino también sobre la cultura prehispánica y el náhuatl .


Imagen de una biblioteca


Salvo las recepciones que se organizaban cuando llegaba de España un nuevo virrey o arzobispo,
las principales festividades públicas eran religiosas.
Los curiosos se asomaban por las ventanas para ver pasar las procesiones.

Imagen de una procesión

En parques y paseos los niños jugaban a "moros y cristianos",
tema traído por los españoles y que se mantiene hasta hoy en fiestas religiosas .

Imagen de niños jugando a moros y cristianos

El principal paseo de la ciudad de México era la Alameda, donde todo el mundo concurría por las tardes.
Los caballeros iban en carruajes o a caballo y solían galantear a las damas.

Imagen de la Alameda
También se disfrutaba mucho de los jardines de Chapultepec, pero resultaban un poco alejados.


Las corridas de toros eran muy apreciadas.
Imagen de una corrida de toros

Cuando se hacían en una plaza de la ciudad,
se contemplaban también desde los balcones de las casas que la rodeaban.

Imagen de gente que desde su balcón, contempla la corrida de toros

Otra de las diversiones favoritas de los caballeros era la cacería.

Imagen de una cacería


Para una parte de la población, la vida en La Colonia significaba lujo y placeres;
pero e l descontento anidaba en el pueblo, que debía trabajar duramente.
También se fue adueñando de los criollos, quienes participaban de la riqueza pero estaban alejados del poder: el gobierno del virreinato y los puestos importantes permanecían en manos españolas.

Asi, poco a poco fueron surgiendo los movimientos que llevarían a la guerra de Independencia.