El texto que vas a leer fue escrito por Hernán Cortés, capitán de los conquistadores españoles. Expresa la admiración que al llegar le causó la gran ciudad de Tenochtitlan y sus mercados. Es parte de una carta que envió a Carlos V, rey de España, en el año de 1520.



México-Tenochtitlan


La gran ciudad de Tenochtitlan estaba fundada sobre una laguna salada. Desde tierra firme hasta el centro de la ciudad, había una distancia de aproximadamente diez kilómetros.

Tenía cuatro entradas, todas de calzada ancha. Sus principales calles eran también muy anchas y derechas. Algunas de éstas y todas las demás eran la mitad de tierra y la otra mitad de agua, razón por la que los aztecas andaban también en canoas.

 

Ademas, todas las calles, de trecho en trecho, estaban abiertas por donde atravesaba el agua de unas y otras.


Y en todas estas aberturas, que algunas eran muy anchas, había puentes de grandes y anchas vigas por donde podían pasar diez hombres a caballo y todos juntos al mismo tiempo.

Esta ciudad tenía muchas plazas, donde había mercado continuo.

Entre estas plazas había una muy grande, toda rodeada de portales, donde iban cerca de mil aztecas a comprar y vender. Ahí se podía encontrar todo tipo de mercancías como joyas de varios metales, piedras, conchas, caracoles, huesos y plumas; materiales de construcción como cal, piedra, adobes, ladrillos y maderas; verduras y frutas; leña, carbón y braseros de barro; petates de todo tipo y tamaño; miel de abeja, de maíz y de maguey; hilados de algodón, pinturas de varios colores y cueros curtidos de animales; maíz en grano y en tortillas; pescado fresco, salado, guisado y en empanadas; así como loza de barro, vidriada y pintada.


Esta plaza tenía una calle de "caza", donde vendían aves de distinto tipo y muchos otros animales como venado, conejo y liebre. Y también tenían una calle de "herbolarios", donde se compraban todas las raíces y hierbas medicinales que se conocían.

Había, además, algunas casas donde se preparaban medicamentos como ungüentos y emplastos; también otras casas donde lavaban y rapaban la cabeza de los aztecas; y otras más donde se podía comer y beber. Y también había en esa plaza una gran casa, donde siempre estaban sentadas diez o doce personas, quienes atendían todo lo que acontecía en el mercado, desde supervisar lo que se vendía y cómo se vendía hasta castigar delincuentes.

 

Así, en dicho mercado se vendía y se compraba cuanta cosa se hallaba en todas las regiones cercanas a la gran ciudad de Tenochtitlan. Cada mercancía se vendía en su propia calle, casa o puesto. En eso se tenía mucho orden. Además, todo se vendía por medida y cuenta, pero nunca por peso.


Y, así, cada día de plaza, el mercado se llenaba de hombres y mujeres que compraban o vendían, confundiéndose entre los señores de la gran casa, que pasaban a revisar las mercancías, y los señores cargadores, que las trasladaban de un lado a otro.

 

Hernán Cortés
Versión de Óscar Muñoz



 

Como te habrás dado cuenta, hay todavía algunas costumbres de los aztecas que se conservan hasta nuestros días, como los días de plaza. En manos de todos está que esta tradición siga perdurando.

¿No se te antoja jugar a la "placita" con tus compañeros? Organízate con ellos. ¿Quiénes serán los compradores? ¿Y quiénes los vendedores? ¿Qué puestos se les ocurre atender? ¿Y en qué calle? ¿Quiénes serán los señores de la gran casa? ¿Y quiénes los cargadores?