El hombre que no quería trabajar


Había una vez, en un rancho, un hombre llamado Chanito. Era un hombre flojo, flojísimo, y no quería trabajar. Los señores lo mantenían de gorra porque no hacía absolutamente nada. Un día de tantos, de plano se fastidiaron de mantenerlo y le dijeron:

—Chanito, ya no podemos seguir dándote tortilla. ¡Ponte a trabajar!

—No, trabajar no —contestó Chanito—. Mejor entiérrenme vivo.

Le tomaron la palabra. Lo metieron en un cajón y se lo llevaron para el panteón. En el camino se encontraron a un señor que venía de la labor y traía un burro con dos colotes de mazorcas.

—¿Pa' ónde van? —les preguntó.

—Pos vamos pal pantión, a enterrar a Chanito.

—¿Qué ya se murió? —dijo el hombre sorprendido.

—No, hombre. Lo vamos a enterrar vivo porque no quiere trabajar y es muy flojo.

—¡Chanito! —gritó el hombre que venía de la labor.

—¡Qué, hombre! ¡Aquí voy! —contestó Chanito.

—Pero, Chanito, ¿cómo que te van a enterrar vivo? Mira, hombre, aquí llevo un maíz. Tú dirás, te lo regalo pa que te alivianes unos cuantos días y puedas comer, pero que no te entierren vivo.

—¿Y 'ta desgranao? —preguntó Chanito.

—¡No! Pos 'ta en la mazorca.

—¡Ah, no! Entonces que siga mi entierro.

 
 

Recopilador: Elena González Estrada.
Comunidad: El Gallito, Mpio. de Mier y Noriega, Nuevo León.