Los nahuales


 

Un día por la tarde, mi tío Luis me contó historias de nahuales, que son personas que se convierten en animales, como cochinos, burros, gallinas, para poderse llevar otros animales.

Me contó que un día iba un señor por el camino a dejar su leña cuando se encontró un burro que iba cargando un cochino, y le dijo a su compañero:

—Mira, mano, ese burrito me lo voy a llevar.

Pero cuando se acercaron al animal, vieron que no tenía cola y que el cochino no estaba amarrado sino atravesado nada más. El señor le dio tres latigazos y el burro empezó a hablar:

—No, ya no me pegues. Si dejas de pegarme, no te haré nada.

—¡Ah, entonces eres un nahual! —dijo el señor—. Bueno, está bien.

Y el nahual contestó:

—Los espero al rato, cuando regresen de dejar la leña.

Los señores volvieron con el nahual, quien les dio de comer carnitas, chicharrón. A cada quien le regaló una pierna de marrano, con la que se fueron muy contentos a su casa.

También me contó mi tío que, una noche, iba pasando un abuelo frente a una casa que le quedaba de paso a la suya, cuando vio salir un perro como de metro treinta de altura. Del susto se le pararon los pelos de punta.

Se quedó tan asustado por el perrote que ya no se pudo mover y se quedó engarrotado un largo rato. Cuando se tranquilizó, se fue a su casa y le contó a su familia todo lo sucedido.

Al día siguiente, salió de madrugada al trabajo, porque era obrero. De regreso, vio de nuevo al perro, que iba arriando un burro cargado de costales de maíz, era tanto que hasta el burro se doblaba. El abuelo quedó tan sorprendido que no podía creer lo que veía. Pasaron los días sin novedad. Todo estaba tranquilo.

Como el abuelo estaba temeroso de volver a encontrarse con el perrote, siempre traía un fierro para defenderse. Al tercer día, regresó como siempre de su trabajo y ¡que se va encontrando al perro en su casa! Para colmo, estaba llevándose a su burro cargado de maíz. Sin pensarlo mucho, le metió al perro una tunda y el perro habló:

—¡Ya no me pegues!

De un machetazo tiró al abuelo, quien al día siguiente se enteró de que el perro era el nahual de su compadre, y se dijo:

—Mi compadre es un nahual y le metí una tunda, sin saber que era mi compadre.

El abuelo aquel duró mucho tiempo enfermo hasta que murió.

 
Recopiladores: Gabriel Cuatianquiz Cahuante y José Manuel Caupio de la Cruz.
Informantes: Faustino Cuatianquiz Vázquez y José Ruguerio Martínez.
Comunidades: Cuhauixmatlac y San Francisco Tetlanohcan, Tlaxcala.