Los hijos de Eva

   


n domingo nos fuimos al rancho de mi compadre Manlio Solís, habían matado un

puerco porque su hijo Tito cumplía seis años. La fiesta empezó a eso del mediodía, todos estábamos felices y los chamacos andaban jugando entre ellos. Como a eso de las cinco de la tarde, uno de los niños fue a decirnos que unos señores se habían llevado al festejado:

—Nos llamaban a todos, pero el único que los siguió fue Tito.

—¡Cómo que se lo llevaron! —preguntó mi compadre, muy preocupado.


—Sí —respondió el niño— se fue con los guamudos, unos que traían sombreros grandes y faldetas hasta los pies.

Entonces se acabó la fiesta, ensillamos unos caballos y salimos a buscar al niño: ¡Tito...! ¡Tito...! —le gritábamos— pero nada. Ya era de noche y mi compadre lloraba de la desesperación. Se fue la oscuridad y nos amaneció, llegamos a una arboleda muy tupida, junto a un arroyo. A esas horas ya no aguantábamos los ojos y la garganta nos ardía de tanto gritar, de repente los caballos se pusieron bravos, se paraban de manos y relinchaban, tenían miedo. En eso escuchamos la voz de Conrado Díaz:

—¡El niño... el niño! —gritaba.

Y allí estaba Tito Solís: metido entre la maleza y amarrado con los bejucos de los árboles. Mi compadre corrió a rescatarlo.

—¿Quién te amarró, hijo? —le preguntaba Manlio, pero el niño no respondía, estaba mudo del mal aire, así que mi compadre se lo llevó derecho a la iglesia, porque el vaho de los chaneques es malo; si respiran cerca de uno, lo pueden enfermar, le entorpecen la mente.

Según dice la historia, Dios pidió a Eva que le llevara todos sus hijos para darles su bendición. Ella los mandó llamar, pero cuando vio que aún no llegaban todos y ya tenía una plaza llena de hombres, ya no los llamó a todos, le dio vergüenza tanto hijo.

—¿Estos son todos tus hijos? —le preguntó Dios.

—Sí señor... —le mintió Eva.

Dios bendijo a los que estaban allí, mientras que los otros se quedaron perdidos en el monte. Por eso son cosas malas, malos aires... y cuando ven a los niños se los llevan para perderlos en el monte como a ellos les hicieron.