El resplandor




na noche pescábamos a media laguna, muy cerca de Alvarado; serían como las siete de la noche cuando vimos pasar una luz grandísima, larga como un rayo, pero no en el

cielo sino sobre la tierra, era como una flecha de fuego sobre las palmeras.

A los pocos días volvió a salir, parecía como si se levantara de la orilla de la laguna y se fuera hacia el cielo. Era una luz juguetona, se hacía pequeñita y luego crecía hasta dejarlo a uno ciego de tanto brillo.

En la barca estábamos mi primo Israel y yo:

—¡Vámonos, si no, nos va a perder! —me dijo mi primo, pero yo me la quedé mirando y, ¡ay! esa luz lo fascina a uno, le dan ganas de seguirla.

—¡Te hablo, hombre! —me testereó Israel para que volviera en mí. Lo bueno es que él no la miraba, si no, los dos hubiéramos perdido el sentido, fascinados por la luz.