IV. DESPU�S

DESPU�S de aquella brava agon�a,
ya me resigno..., �sereno estoy!
Yo, que con ella nada ped�a,
hoy, ya sin ella, s�lo querr�a
ser noble y bueno... �mientras me voy!

Es un bendito nombre, que adoro,
ser noble y bueno, y al expirar,
poder decirme: "�Nada atesoro:
di toda mi alma, di todo mi oro,
di todo aquello que pude dar!"

Desnudo torno como he venido;
cuanto era m�o, m�o no es ya:
como un aroma me he difundido
como una esencia me he diluido,
y, pues que nada tengo ni pido,
�Se�or, al menos vu�lvemela!

                 20 de agosto de 1912

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