HA SIDO COMÚN DENOMINADOR de los últimos gobernantes de Jalisco procurar que se conservara la tranquilidad y el orden, a efecto de fomentar el desarrollo con inversiones privadas y la consecuente generación de empleos en empresas productivas, comerciales y de servicios. Asimismo, han buscado realizar las obras públicas necesarias para que la mayor parte de la población tuviera acceso a la asistencia médica, la educación y el deporte; más facilidades para su desplazamiento y comunicación, y servicios básicos mínimos: agua entubada, drenaje y luz eléctrica, de los que aún carecía al mediar el siglo una gran proporción de jaliscienses.
Todos los gobernadores fueron postulados en su momento por el Partido Revolucionario Institucional y su triunfo resultó contundente en las urnas. Sin embargo, fue una tónica general la concertación con los opositores políticos, cuya voz se hacía sentir más por el prestigio de algunos de sus dirigentes que por el número de sus afiliados. Tal fue el caso de Efraín González Luna, del Partido Acción Nacional, y de Constancio Hernández Alvirde, del Popular Socialista.
Por igual, se procuró en lo posible velar por la convivencia pacífica de bandos antagónicos y evitar confrontaciones entre ellos que pudiesen alterar el orden público. Un ejemplo fue el equilibrio logrado entre la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC
), dirigida durante muchos años, hasta su muerte, por Francisco Silva Romero, y la Federación de Trabajadores de Jalisco (FTJ
), encabezada por Heliodoro Hernández Loza por un tiempo igualmente muy largo y también hasta que falleció.
A fin de cuentas, resultó útil que hubiese dos centrales obreras independientes, para impedir que alguna de ellas alcanzara a tener demasiada fuerza y perturbase excesivamente a los empresarios. Consecuencia de esta situación fue la disminución del número y la magnitud de las huelgas, en tanto que aumentaba de manera considerable el de las empresas, aprovechando también que el promedio de los salarios nunca dejó de ser bajo.
Algunas pequeñas industrias familiares de mayor o menor antigüedad lograron crecer de manera notable gracias, entre otras cosas, al impulso adquirido durante la segunda Guerra Mundial, que propició la fabricación de muchos productos anteriormente importados e incluso permitió su venta a los Estados Unidos, y a una adecuada comercialización que supo aprovechar el aumento del mercado local y buscar nueva clientela en otros lugares del país. Las herramientas de Urrea, los aceites de Aranguren y los zapatos de López Chávez constituyen tres buenos ejemplos, además de aquellos que se dedicaron a la elaboración de tequila, textiles y diversos productos más.
Pero con el tiempo se hizo presente también un crecido número de negocios de filiación capitalina, regiomontana y extranjera, cuya impronta ha resultado muy significativa, mientras que la fuerza de los empresarios locales en su conjunto, con sus excepciones individuales, se ha visto un tanto disminuida.
De cualquier manera, la influencia de los hombres de empresa en las decisiones del gobierno local ha sido digno de atención, ya sea mediante sus organizaciones particulares, como la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara y las agrupaciones de industriales, o gracias a organismos concertadores creados ex profeso, como los llamados "consejos de colaboración" y algunas comisiones específicas que han conjugado a funcionarios públicos con personajes prominentes de la iniciativa privada.
Además, a partir de 1949, para el cargo de vicepresidente municipal de Guadalajara
el PRI
ha incluido en su planilla siempre ganadora a un destacado
profesionista y, desde poco antes de que terminara la década de los cincuenta,
ha tomado en cuenta para dicha posición a relevantes empresarios. Por igual,
en otros municipios de importancia, el puesto ha sido desempeñado "preferentemente
por gente del mismo tenor".