Con antecedentes que se remontan de manera particular al siglo XIX, la literatura en Tabasco contó con varios representantes. Las narraciones literarias que tuvieron como escenario el territorio tabasqueño muestran peculiaridades que las distinguen de las producidas en otros lugares del país. "En estas tierras las cosas suceden de otro modo", la literatura se mueve entre la indomable naturaleza del sureste, la pasión amorosa y la envolvente política. Son escasos los ejemplos de novelas intimistas porque el paisaje tabasqueño propició historias abiertas y orientadas por las posiciones políticas. Quizá ello explica en parte por qué muchas permanecen en el olvido, sin haber alcanzado el estatus que pretendían.
Salvo la novela Perico, de Arcadio Zentella (1895), este tipo de literatura prevaleció más en el periodo revolucionario. En la crónica novelada Paludismo, de Bernardino Mena Brito, la relación entre la naturaleza voluptuosa de Tabasco y el hombre consiste en descender a los infiernos dantescos. La obra ofrece el punto de vista sincero de un personaje que cree en la trascendencia de sus acciones, pero es hostilizado por la naturaleza y por hombres movidos por su afán de poder. La novela es el relato alucinante de los inicios de la Revolución en Tabasco, de los primeros reclutamientos cuando, en 1913, luego del asesinato de Madero, los revolucionarios se agruparon en torno a la figura de Carranza. En el caso de Tabasco se escenifica la adhesión a las tropas de Carlos Greene, quien puso a disposición de los revolucionarios su finca de San Pedro para el resguardo de armas y municiones.
Con su relato Un niño en la Revolución mexicana, Andrés Iduarte se sitúa lejos de la epopeya heroica, con pretensiones más modestas pero con mayor éxito en cuanto a sus alcances. El narrador sólo quiere expresar su punto de vista, el testimonio de lo que vio o le contaron; relatar sus vivencias infantiles; hablar acerca de su familia, de la sociedad y de la irrupción del movimiento revolucionario en San Juan Bautista, Tabasco, la capital "más tropical de México", la que más se parece a esos panoramas exuberantes que han mostrado al mundo José Eustasio Rivera y Rómulo Gallegos. En Tabasco, donde se desprecia la muerte y privan varios conceptos sobre el honor, el autor conoció la lealtad y aprendió que "en las luchas políticas lo sentimental impera sobre lo doctrinario". Iduarte hace una crónica novelada que ve el lado bueno, por así decirlo, de una sociedad que fincó su organización en los valores más preciados de la época porfirista, como lo hizo, por ejemplo, la familia Foucher, a la cual pertenecía la madre del narrador durante la Francia posrevolucionaria.
Ante el avance amenazador de los batallones revolucionarios, no queda más que la huida, por la noche, sin poderse llevar ni los juguetes ni el piano. Luego vino la larga travesía sobre el río Grijalva hasta llegar a Campeche, para pasar después a Veracruz, y de ahí, por ferrocarril, al Distrito Federal, donde los expulsados por la Revolución se refugiaron en las colonias Roma y San Rafael.
Como el mismo autor rememoró en El mundo sonriente, no obstante el odio de las familias porfiristas contra Obregón, Calles y Garrido Canabal, ese sentimiento fue punto de unión de los trasterrados tabasqueños en la colonia Roma, que se "[...] convirtió en una prolongación de nuestra provincia cordial y apasionada cuando arreció la lucha contra el gobierno del licenciado Tomás Garrido Canabal", a quien ese grupo llamó Dimas, el Rojo.
La narrativa tabasqueña, que tiene como escenario la exuberancia, el verdor y el agua, desemboca inevitablemente en las novelas del periodo dominado por Garrido, cuyos radicalismos y excesos tiñeron de rojo el territorio tabasqueño, el color de la venganza, de la política y de la muerte.
Por su parte, en su relato Los abrasados. Novela tropical (1937), Alfonso Taracena retrata al líder máximo que gobierna Tabasco, sin mencionar nunca su nombre. Se trata de una narración que busca descubrir las relaciones que se establecen entre los caudillos nacionales más poderosos y los caciques locales, quienes llegan a cometer los crímenes más sangrientos en su afán de poder y de riqueza. La intención obvia es desmitificar al caudillo de su estado natal, quien hizo del terror y la intolerancia los valores dominantes en su época.
Más que novela, Los abrasados es una biografía velada, simplona y llena de lugares comunes. En los rasgos difundidos por las señoritas decentes, Garrido era inmortalizado como un "comecuras", un cacique sin fuerza (sic) y sin honestidad para llevar adelante un proyecto de superación en la entidad.
El fascinante paisaje de Tabasco y la polémica figura de Tomás Garrido Canabal no se circunscribieron exclusivamente a la narrativa de los tabasqueños. Varios escritores extranjeros han visitado México en distintos momentos de su historia, y después de ello han dejado excelentes pasajes a la literatura internacional. Entre los que se interesaron en particular por Tabasco destacan dos: el inglés Graham Greene, que dejó sin duda la huella más visible con su novela El poder y la gloria (1940), y el francés Emmanuel Robles, con su relato Las navajas (1957)
Greene, anglicano de nacimiento, se convirtió al catolicismo en 1926, justo el año en que el padre Agustín Pro desembarcó en Veracruz, para encontrarse con la muerte dos años después. En 1938, sus editores le encargaron que visitara México, y de esa visita surgió su crónica de viaje Caminos sin ley (1938), donde, además de mostrar un México convulsionado por la expropiación petrolera y por los preparativos de la rebelión del general Saturnino Cedillo, se encuentra la semilla de su posterior novela.
Greene sorteó varios obstáculos antes de emprender su viaje a Tabasco, hasta que logró hacerlo por mar desde Veracruz hasta Frontera durante 41 horas. "Para saber qué calor puede hacer en el mundo, tenía que esperar hasta Villahermosa", a donde llegó después de otras 12 horas de viaje, para encontrarse con "el estado puritano, pantanoso, aislado, de Garrido Canabal. Garrido así decían había destruido todas las iglesias; había organizado una milicia de Camisas Rojas, y hasta les había hecho cruzar la frontera de Chiapas, persiguiendo iglesias y sacerdotes".
Esa tierra, donde un gobernador con fama de intolerante impuso una terrible persecución religiosa, prohibió el consumo de alcohol, cambió la mentalidad de los niños y formó el grupo de los Camisas Rojas, será el escenario ideal para relatar la fuga y búsqueda del último sacerdote, para mostrar la utilización del pecado por la Gracia.
Según la narrativa ubicada en Tabasco durante el periodo de Garrido, o se moría víctima de la policía o del paludismo, enfermedad siempre presente y con la que se desencadena la última novela con ese escenario.
Las navajas, de Emmanuel Robles, tiene varias semejanzas con la novela de Greene; ambos relatos dan vida a personajes atormentados en parte por un medio que se vuelve incontrolable y que produce serios trastornos, y en parte por sus propias ideas. Tienen el trasfondo de la persecución religiosa, la aplicación de severas medidas antialcóholicas y ambas desembocaron en sendos proyectos cinematográficos. Las películas El fugitivo, dirigida por John Ford, está basada en la obra de Greene; y Cela sŽappelle LŽaurore, de Luis Buñuel, surge del relato de Robles.
El espacio histórico en las novelas que tienen como escenario Tabasco cubre
un amplio periodo que va desde el porfiriato hasta los años treinta, cuando
Tomás Garrido Canabal gobernó la entidad hasta su partida, en 1935. La atención
a su particular forma de actuar no se limitó a esos años, pues su fama con su
innegable dosis de ficción, se extendió más allá de esa fecha, atrayendo la
mirada de novelistas y hasta de cineastas. Escritores, políticos, educadores
y artistas dejaron huella de su paso por la exuberancia del territorio tabasqueño.
Marcado por la enorme abundancia de sus recursos naturales, por el paludismo,
por la persecución de distinto signo, por el amor y por la pasión del poder,
Tabasco mostró la existencia de un México diferente y poco frecuentado.