Hay unos pavos rubios y otros negros, y las colas tiénenlas de la hechura de
las pavas de España; pero en el plumaje y en el color, los unos son todos rubios,
y la barriga con un poco del pecho blanco, y los otros todos negros, y así la
barriga y parte del pecho blancos; y los unos y los otros tienen sobre la cabeza
una hermosa cresta o penacho, de plumas bermejas el que es bermejo, y negras
el que es negro, y son de mejor comer que los de España. Estos pavos son salvajes,
y algunos hay domésticos en las casas, que los toman pequeños. Los ballesteros
matan muchos de ellos, porque los hay en mucha cantidad. Dicen algunos que el
pavo en bermejo y la pava negra; otros son de parecer contrario, y dicen que
el pavo es negro y la pava rubia; otros dicen que son de dos géneros, y que
hay macho y hembra de ambas colores y de cualquiera de ellas. Si el ballestero
no le da en la cabeza o en parte que caiga muerta el dicho pavo, aunque le den
en una ala o otra parte, se va por tierra a peon y corre mucho; y como es muy
espesa de árboles, conviene que el ballestero tenga buen perro y presto, para
que el cazador no pierda su trabajo y la caza. Vale un pavo de estos un ducado,
y a veces un castellano o peso de oro, que es tanto como en España un real para
lo gastar. Otros pavos mayores y mejores de sabor y más hermosos se han hallado
en la Nueva España, de los cuales ha pasado muchos a las islas y a Castilla
del Oro, y se crían domésticamente en poder de los cristianos; de aquestos las
hembras son feas y los machos hermosos, y muy a menudo hace la rueda, aunque
no tienen tan gran cola ni tan hermosa como los de España; pero en todo lo al*de
su plumuje son muy hermosos. Tienen el cuello y cabeza cubierto de una carnosidad
sin pluma, la cual a menudo mudan de diversas colores, cuando se les antoja,
en especial cuando hacen la rueda la tornan muy bermeja, y cuando la dejan de
hacer la vuelven como amarilla y de otras colores, y como denegrido, hacia color
parda y blanca, algunas veces; y en la frente sobre el pico tiene el pavo un
pezón corto, el cual cuando hace la rueda le alarga o le crece más de un palmo;
y de la mitad de los pechos le nace y tiene una vedija de cerdas tan gruesa
como un dedo, y aquellas cerdas ni más ni menos que las de la cola de un caballo,
muy negras, y luengas más de un palmo. La carne de estos pavos es muy buena,
y sin comparación, mejor y más tierna que la de los pavos de España.
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