Juárez y la Intervención

Éste, sin embargo, con el apoyo de una minoría de generales indignos y tratando de salvar sus viejos privilegios a costa de la propia autonomía de México, llegó a la medida increíble de importar un poder extranjero. Y mientras Juárez expresaba al Congreso su voluntad firmísima de que la revolución produjera los esperados frutos de paz y prosperidad, y su propósito de seguir desempeñando su doble tarea de combatiente de la ley y magistrado de la nación, en Europa se concertaban las alianzas y se ponía el precio de una corona a la traición.

Debemos recordar que en aquella intervención injusta dos de las naciones aliadas, Inglaterra y España, hicieron desistir a sus gobiernos de participar en la monstruosa agresión a nuestra soberanía, y se retiraron, según la declaración del general Prim:

Quedaba solamente la codicia invasora de Napoleón III y el ejército de la Francia imperial.

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