Quien bien escucha bien entiende

En algunas actividades que se desarrollan en el aula, los profesores se convierten en narradores para comunicarse con los niños a través de cuentos, fábulas, anécdotas, historias, ¿pero cómo hacen para atraer la atención de los oyentes y “meterlos” en la historia que están contando? A continuación, vamos a poner en juego nuestras habilidades para hablar y escuchar.

La palabra empuja pero el ejemplo arrastra.
El que tiene más saliva traga más pinole.
Nada es tan fácil e inútil como escuchar mucho.
En el modo de pedir está el de dar.
En boca cerrada no entran moscas.
  1. Al concluir la actividad, en el grupo contesten los siguientes cuestionamientos:

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3  Algunos elementos que pueden tomar en cuenta para narrar su anécdota son: trate de dar expresión a la voz para que se comprenda el sentido de lo que dice. Dramatice un poquito los diálogos. Ajuste el ritmo a la actuación de la historia. Subraye ligeramente los sentimientos expresados. En los momentos más emocionantes, exprésese más despacio o más de prisa, según haga falta, para crear una atmósfera de suspenso y acrecentar el interés. Ajuste el ritmo, el tono y el volumen a las necesidades del relato. No tenga prisa por terminar, ¡disfrute! Para la entonación, dé el volumen y el ritmo que cada expresión necesita, lo más importante es comprender lo que se dice. Con las inflexiones de la voz, con las pausas, con el ritmo, se le da intención a la expresión oral y se hace comprensible el texto. Garrido, Felipe, “Cómo leer (mejor) en voz alta”, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria, México, sep, 2000, p. 39. (Lecturas)

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