Una independencia pac�fica

Una independencia pac�fica


CON EL INICIO DEL SIGLO XIX la jurisdicci�n de Campeche acept� renovadas influencias, de acuerdo con un tiempo social que comenzaba a ser diferente del pasado inmediato. Los proleg�menos en otros lugares de la Nueva Espa�a se desarrollaron en un ambiente diferente, es decir, r�pidamente y con vientos intranquilos; en la pen�nsula de Yucat�n sucedieron de otra manera. Los colegios franciscanos fueron receptores iniciales de ideas novedosas provenientes de Europa a trav�s de impresos. Miembro connotado en esta corriente fue Pablo Moreno, quien desde 1802 hizo p�blicos los conceptos racionalistas. Maestro de filosof�a cuya personalidad comprendi� en t�rminos cabales Lorenzo de Zavala al decir que hab�a sido el primer hombre en atreverse a introducir la duda sobre las doctrinas m�s respetadas por el fanatismo, encabez� con el capell�n Jos� Mar�a Vel�squez al grupo denominado sanjuanista, ya que se reun�an en la ermita de San Juan en M�rida. A esta agrupaci�n de tendencia liberal se asociaron personajes destacados en la sociedad, como Andr�s Quintana Roo y el propio Zavala, entre otros. Se inclinaron por la supresi�n del servilismo ind�gena, las obvenciones parroquiales y otros privilegios. Los sanjuanistas enfrentaban a un grupo opositor, contrario a los principios que sustentaban, conocido con el nombre de rutinero, proclive a la conservaci�n del sistema mon�rquico y, desde luego, a la sobrevivencia de los privilegios coloniales.

Los intereses de los grupos pol�ticos se avivaron al advertir la llegada de cambios y oportunidades de aprovecharlos. No de otra manera se podr�a comprender la presi�n de los sanjuanistas en 1812 para que se adoptara la Constituci�n liberal de C�diz, expedida el 18 de marzo, y se designara Diputaci�n provincial, adem�s de que llevaron al campo de la pol�mica la interrupci�n de las obvenciones parroquiales que los ind�genas entregaban al clero. Sin embargo, cuando en 1814 volvi� al trono Fernando VII y se desconoci� el c�digo, los sanjuanistas fueron perseguidos y encarcelados.

En Campeche la situaci�n nunca fue tan violenta, si bien es cierto que el franciscano Juan Jos� Gonz�lez expresaba desde la c�tedra del Colegio de San Jos� ideas radicales que lo identificaron como sanjuanista. Se definieron las dos tendencias que poco a poco ir�an entrando en el palenque de la rivalidad. Los sacrificios de Hidalgo y Morelos, la persecuci�n realista en contra de los hombres afiliados a la libertad y la independencia estuvieron lejos de la regi�n, pero no por ello dejaron de conocerse y despertar sentimientos de simpat�a o desacuerdo. Pero los tiempos comenzaban a ser diferentes y la pol�tica se alejaba de las r�gidas f�rmulas coloniales.

El a�o de 1820 fue crucial por el cambio de sistema pol�tico, ya que ante la resistencia de las autoridades sujetas a la Corona espa�ola, los sanjuanistas movieron los resortes populares para obligar a la jura y publicaci�n de la Constituci�n de C�diz el 8 de mayo, y reunir al Ayuntamiento que hab�a sido electo en 1812 y despu�s despojado de sus funciones. Se aludi� en el acta respectiva que era llegado el tiempo de la jura de la Constituci�n conforme a los deseos mon�rquicos. Los asistentes acordaron que se procediera a la observancia, para cuya ceremonia fue colocado en la mesa un Sant�simo Crucifijo, y con misal se inici� el acto y, en el orden prescrito por la Constituci�n, prestaron juramento los concurrentes. Casi inmediatamente el teniente del rey Juan Jos� de Le�n fue destituido a consecuencia de representar intereses contrarios al constitucionalismo. Esta primera etapa culmin� al proclamarse la independencia el 17 de septiembre de 1821 en la ciudad de Campeche, como consecuencia inmediata del Plan de Iguala. Las rivalidades de partido no llegaron a fracturar la autoridad existente, ya que se dispuso "que continuar�n regenteando sus empleos y autoridades, las mismas personas que los desempe�aban".

La regi�n y sus pobladores fueron aceptando de buen grado los cambios, lejos del estruendo de las armas realistas o del ca��n de Cuautla de Amilpas; ajenos casi al sacrificio de Allende y al fusilamiento de Mina. La distancia, que a�ad�a lentitud a las comunicaciones, hizo posible que los cambios pol�ticos se efectuaran con cierta parsimonia.

Poco despu�s comenzaron los enfrentamientos de rutineros y sanjuanistas con motivo de la llegada a la pen�nsula de Melchor �lvarez como delegado del imperio de Iturbide. Pero este problema y otras diferencias que fueron poco a poco calando en las conciencias de los pobladores de las dos principales ciudades se desvanecieron aparentemente en 1823 con la ca�da de Iturbide. Cuestiones de intereses econ�micos desvirtuaron las tendencias pol�ticas, republicanas y federales, como fue el caso de la guerra con Espa�a en la que la pen�nsula de Yucat�n sostuvo un criterio diferente al no querer participar, debido a que su comercio principal era con la isla de Cuba, posesi�n espa�ola. En t�rminos formales, la Constituci�n Federal de 1824 estableci� el estado de Yucat�n con las jurisdicciones territoriales que tradicionalmente le hab�an correspondido con Campeche y el Carmen.

Todas las divergencias entre los grupos de Campeche y M�rida, mayores unas, menores otras, estimularon a los diputados Joaqu�n Casares y Armas, Escalante y Mar�n a presentar en la sesi�n del Congreso General del 6 de septiembre de 1824 una proposici�n para que se dividiera la pen�nsula de Yucat�n en dos entidades, una con la denominaci�n de M�rida, y otra con el nombre de Campeche. Nunca se present� a discusi�n, pero el planteamiento abri� el juego en la mesa de los intereses econ�micos y pol�ticos, y aparecieron l�deres y caudillos de una y otra parte que originaron crisis y discusiones entre federalistas y centralistas, como, por otra parte, ocurr�a en todo el pa�s.

Las transformaciones en la vida social partieron de los grupos que se fueron formando alrededor de aspiraciones financieras y ambiciones comunes de alcanzar el poder pol�tico en una etapa distinta de la acostumbrada. La ideolog�a hab�a sido, casi en todo tiempo, de perfiles liberales, como correspondi� a un puerto de vida y trabajo constante, como era el de Campeche. Conflictos que trastornaron el pa�s, en Yucat�n estaban resueltos, como la desamortizaci�n de bienes eclesi�sticos, que se ejecutaron desde 1782 bajo la directriz del obispo Pi�a. En 1813 se abolieron los servicios de los ind�genas y en 1820 se cerraron 25 conventos de religiosos menores observantes de San Francisco. La extinci�n de fueros y la tolerancia eran signos de un tiempo abierto y menos r�gido. Entonces tanto ah� como en Campeche, vinculada a Yucat�n por lazos fuertes, como se demostr� en los problemas de pirater�a y amurallamiento, �nicamente quedaron inclinaciones e inquietudes pol�ticas, y las sogas de donde cuelgan anhelos no siempre leg�timos.


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