Reivindicación o revancha

Reivindicación o revancha


Llegaron los vientos contrarios. Para pagar la deuda política que se tenía con Pablo García el Hacedor, se eligió gobernador a su hijo Luis García Mezquita para el periodo constitucional de 1903 a 1907. Desde luego, hizo justicia por iniciativa propia, expidiendo el 1º de septiembre de 1904 el decreto que declaró día festivo el 27 de enero y de duelo el 31 de julio de cada año, fechas del natalicio y fallecimiento de su padre. Pero Luis García no pudo completar el cuatrienio, pues murió el 15 de junio de 1905. Para completar el tiempo de su gobierno se designó al hijo del otro prócer fundador, el doctor Tomás Aznar y Cano.

Los ramos de la economía no avanzaban, únicamente los tradicionales. Acaso por ello la educación era promovida vigorosamente, y en el poco tiempo que tuvo el gobernador García creó la Academia Normal de Profesores, por considerar que "la función docente del Estado no puede ser fructuosamente ejercida sino por medio de un órgano especial adaptado al ejercicio de esa función: el maestro".

Para agosto de 1905 funcionaban 72 escuelas primarias, de las cuales 38 eran sostenidas por el estado, 33 por los municipios y una con recursos de una fundación privada. También entonces se inició la exploración de una riqueza marítima de suma importancia, aunque el rastreo preliminar fue en tierra. Así, el 26 de marzo de 1906 se ratificó en todas sus partes el contrato celebrado entre el gobierno del estado y la empresa S. Pearson and Son, Limited, para la exploración y explotación de carburos de hidrógeno y sus derivados que pudieran existir en el subsuelo. Este documento de referencia es un antecedente histórico de primer orden.

Aznar y Cano terminó el periodo inconcluso de Luis García y tuvo la ocasión de ser electo para el siguiente, de 1907 a 1911. El medio político nacional comenzaba a agitarse; además, la situación de la entidad era crítica, tanto que el 7 de agosto de 1909 Aznar y Cano anunció, no sin algún dramatismo:

Tan difícil panorama local, junto con las circunstancias políticas nacionales, llevó al doctor Aznar y Cano a presentar ante el Congreso una licencia indefinida para separarse del cargo, solicitud que fue aceptada el 9 de agosto de 1910, encargándose el gobierno interino a José García Gual. Ahí se terminaron las reivindicaciones y don Tomás enfiló su carruaje por el pedregoso Camino Real rumbo a Mérida, donde se fue a ejercer su profesión.


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