Zacatecas, Ibarra y la fundación de Santa Bárbara


LA GUERRA DEL MIXT�N (1540) fue la �ltima gran batalla de los espa�oles en su esfuerzo por dominar a los grupos ind�genas sedentarios ubicados en la porci�n m�s norte�a de los l�mites del virreinato en esa �poca. Los enemigos eran, entre otros, los caxcanes, cuyo territorio se extend�a desde el norte del r�o Santiago hasta la zona de los Ca�ones, en el actual estado de Zacatecas. El triunfo espa�ol consolid� la ocupaci�n de la Nueva Galicia, lo mismo que a su capital, Guadalajara. Pocos a�os despu�s, hacia 1546, un grupo de ex combatientes de la guerra del Mixt�n y de mineros de Guadalajara comenz� a explotar los yacimientos de plata que dieron vida a Zacatecas. Este nuevo asentamiento, por la importancia de su poblaci�n y la riqueza de sus vetas, tuvo gran influencia en la expansi�n espa�ola hacia el norte del virreinato.

El movimiento social que dio origen a Zacatecas contrastaba con la fantasiosa creencia, muy extendida entre los conquistadores espa�oles, en torno a la existencia de varias ciudades con grandes riquezas, como C�bola. Varias expediciones organizadas en pos de esas ciudades, como la de V�zquez de Coronado, hab�an terminado en fracaso. En cambio, la expansi�n espa�ola que tomaba forma con Zacatecas mostrar�a, sin tantos aspavientos, que esas ciudades no exist�an y que la tarea de ocupar el septentri�n del virreinato seria ardua, compleja, violenta.

De las minas de Zacatecas obtuvo su fortuna Diego de Ibarra, cuyo sobrino Francisco, un joven de apenas 15 a�os en 1554, aprovech� las excelentes relaciones familiares de su t�o con el virrey Luis de Velasco para organizar varias expediciones al norte de Zacatecas. Patrocinadas con dinero de don Diego, esas expediciones se iniciaron en 1554 y culminaron en julio de 1562, cuando el virrey nombr� a Francisco gobernador y capit�n general de las tierras y gente que pusiera bajo el dominio de Espa�a. As� surg�a el reino de la Nueva Vizcaya, con territorio que reclamaba para s� la provincia de Nueva Galicia. Guadalajara, empero, seguir�a siendo importante para la Nueva Vizcaya, puesto que la Audiencia de esa ciudad tendr�a jurisdicci�n sobre la nueva provincia en asuntos judiciales.

Francisco de Ibarra impuls� la ocupaci�n de lugares como Mazapil, Avino y el valle de Guadiana, donde de su propio peculio fund� la ciudad de Durango en 1563; desde el momento de su fundaci�n fue concebida como capital de los nuevos territorios abiertos al dominio espa�ol. Uno de los integrantes de la expedici�n de Ibarra, Rodrigo de R�o de Loza, recibi� �rdenes para poblar la porci�n norte�a de la provincia de Nueva Vizcaya. En la frontera entre tepehuanes y tobosos, De R�o de Loza fund� el mineral de Ind�; m�s tarde, en 1567, siguiendo las instrucciones de Ibarra, procedi� a poblar la zona que era conocida desde entonces como de los "conchos". Cerca de all� fund� la villa de Santa B�rbara, que por d�cadas ser�a el asentamiento m�s septentrional del dominio espa�ol. Ese poblado tuvo su raz�n de ser en la plata que los espa�oles hallaron en las sierras de los alrededores.

Las �rdenes de Ibarra a Rodrigo de R�o de Loza ocurrieron una vez que aqu�l hab�a fracasado en su b�squeda de las ciudades legendarias. En 1564 y 1565 Ibarra hab�a recorrido Sinaloa y Sonora e incluso hab�a llegado hasta Paquim�, que para esos a�os ya estaba despoblada. Baltasar de Obreg�n, uno de los primeros cronistas espa�oles de la ocupaci�n del septentri�n novohispano, relata la tremenda decepci�n sufrida por Ibarra y los suyos ante el hallazgo de esa gran ciudad abandonada. Puede pensarse entonces que Ibarra prefiri� consolidar posesiones m�s modestas pero tambi�n m�s ciertas, y dejar de lado el sue�o de las ciudades grandiosas.

Con el surgimiento de Santa B�rbara culminaba la fase de exploraciones y conquistas encabezadas por Francisco de Ibarra.

Esta empresa, realmente privada si consideramos que la Corona espa�ola s�lo se limit� a autorizarla y luego a formalizar el surgimiento de la nueva provincia, tuvo varias repercusiones. Una de ellas fue la apertura de la ruta que a�n en nuestros d�as es decisiva para la historia de Chihuahua, pues une al estado con Durango, Zacatecas y la ciudad de M�xico.


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