Federalistas y centralistas. La pol�tica radical de Vicente Romero. El federalismo militar de Esteban Moctezuma: alianzas y desaveniencias con la pol�tica nacional


Federalistas o centralistas, yorkinos o escoceses, todos por igual, apreciaban y defend�an la idea de la autonom�a regional. En San Luis Potos� fue ganando terreno la idea de la soberan�a del estado que, unida a las de los otros, formar�a la naci�n. As�, el gobernador Vicente Romero se uni� al gobernador de Michoac�n para reafirmar ese principio en el Plan de Jalapa de enero de 1830, que llev� al vicepresidente Anastasio Bustamante a la presidencia de la rep�blica y depuso a Vicente Guerrero. En realidad, es cierto que Vicente Romero segu�a los pasos del general Santa Anna, convertido ya en una pieza fundamental en la lucha por el poder. Sin embargo, la conducta de Romero fue duramente cuestionada en San Luis Potos�; el Ayuntamiento de Venado lo acus� de desviaci�n de recursos, diversas infracciones a la ley y abuso de poder, y de la misma forma actuaron la mayor�a de los ayuntamientos del estado. La legislatura local consign� a Romero ante el tribunal de justicia y se nombr� gobernador a Jos� Pulgar que, al poco tiempo, fue reemplazado por Manuel S�nchez, prefecto del departamento de San Luis.

Como se puede ver, la suerte de los gobernantes era mudable. As� fue la de Vicente Romero, quien intent� recuperar el poder mediante una conspiraci�n, para lo cual busc� el apoyo de militares ya desplazados como Jos� M�rquez, Joaqu�n G�rate y Jose Antonio Barrag�n. La asonada fue descubierta por Zen�n Fern�ndez, tambi�n de mudable suerte; M�rquez y G�rate fueron pasados por las armas. Romero se salv� del percance y no tardar�a en alcanzar su prop�sito. De lo que no pudo salvarse fue de la siguiente filiaci�n que expidi� el gobernador de Tamaulipas, Francisco Vital Fern�ndez, con objeto de aprehenderlo: "Natural de Jalisco.- Edad 46 a�os.- Estatura peque�a.- Cuerpo regular, aunque un poco barrig�n.- Color aperlado.- Ojos peque�os, hundidos y un poco turneos.- Caja abultada.- Nariz larga y aguzada.-Calvo, pero usa casquete.- Barba entrecana, cerrada.- Se�as particulares: cuando habla est� haciendo movimiento con la boca y carrillo derecho".

En 1831 asumi� la gubernatura constitucional del estado Jos� Guadalupe de los Reyes, diputado por San Luis Potos� en el Congreso Constituyente de 1824, fiscal del primer Supremo Tribunal de Justicia en el estado y presidente de la junta de vecinos de San Luis Potos� que se pronunci� por el Plan de Jalapa. Se preocup� por continuar con la obra iniciada por Ildefonso D�az de Le�n para introducir a la ciudad de San Luis el agua de la Ca�ada del Lobo. Las obras se realizaron bajo la direcci�n del doctor Juan Sanabria. Las llaves de la caja del agua se abrieron a finales de noviembre. En ese a�o de 1831 se comenz� a publicar el primer peri�dico oficial del estado, la Gaceta del Gobierno del Estado de San Luis Potos� que, al a�o siguiente y por disposici�n del gobernador Romero, cambiar�a su t�tulo al de Yunque de la libertad. En marzo de ese mismo a�o Francisco Recelli, teniente coronel de ingenieros remont� el r�o P�nuco en vapor hasta Tamu�n, en la exploraci�n de nuevas rutas que, en ese momento, significaban una mayor posibilidad de intercambios comerciales pero tambi�n de influencia pol�tica. El control de las rutas que conectaban con el oriente del estado y el Golfo era una estrategia fundamental para el ejercicio del poder y los grupos que lo disputaban.

En enero de 1832, el general Esteban Moctezuma se sublev� en Tampico con la propuesta de establecer un nuevo estado huasteco que tendr�a a Tampico como capital. Mientras tanto, Vicente Romero hac�a campa�a para retomar el gobierno del estado; con ese prop�sito visit� al gobernador de Zacatecas, Francisco Garc�a, quien hab�a organizado una milicia disciplinada y con quien acord� proclamar presidente de la rep�blica al general Manuel G�mez Pedraza. En el camino hacia Tampico, para informar del acuerdo a su amigo Esteban Moctezuma, Romero recibi� la noticia del pronunciamiento del Plan de Veracruz, proclamado por el coronel Pedro Landero contra el presidente Anastasio Bustamante que hab�a dado un giro conservador a su gobierno; en �l se invitaba a Santa Anna a encabezar el movimiento y buscar la reinstalaci�n de Manuel G�mez Pedraza en la presidencia de la rep�blica. Esteban Moctezuma se hab�a pronunciado ya, con el apoyo de las fuerzas de Tancanhuitz, San Antonio, Tamazunchale y Aquism�n, secundadas por Jos� Antonio Barrag�n en Valle del Ma�z y la legislatura y gobierno de Tamaulipas.

De abril a julio los insurrectos de San Luis, Zacatecas y Tamaulipas se dedicaron a aumentar y organizar sus tropas, mientras el gobierno general de la rep�blica se ocupaba de la sublevaci�n en Veracruz. En su camino hacia la ciudad de San Luis Potos�, los pronunciados que encabezaba el general Moctezuma, apoyados por las fuerzas de Zacatecas, triunfaron en la batalla que libraron en la hacienda de Pozo del Carmen con las fuerzas del gobierno y ocuparon San Luis. Ante la ausencia de las dem�s autoridades, el Ayuntamiento levant� un acta en la que reconoc�a a Manuel G�mez Pedraza como presidente de la rep�blica. Fue as� como Vicente Romero se encarg� nuevamente de la gubernatura.

Bustamante sali� de la ciudad de M�xico a sofocar la rebeli�n. Iban con �l destacados militares, entre ellos, el potosino Mariano Arista, quien logr� el ascenso al grado de coronel por el resultado de esta misi�n. Moctezuma les sali� al encuentro en el puerto del Gallinero, Guanajuato, en donde fue derrotado. Romero tuvo que abandonar la ciudad y estableci� su gobierno en la ciudad de Ojo Caliente, que entonces pertenec�a al estado de San Luis Potos�. Bustamante entr� en la ciudad de San Luis a finales del mes de septiembre de 1832 y restableci� en el gobierno a Jos� Guadalupe de los Reyes. Las autoridades de los distintos departamentos se vieron en graves aprietos, pues recib�an �rdenes de los dos gobiernos. El traslado estrat�gico, cercano a Zacatecas, que Romero hizo de su sede gubernamental contribuy� enormemente a la construcci�n de este escenario dual en el que, adem�s de la confusi�n, tambi�n se dieron las condiciones para que los pol�ticos locales m�s h�biles ensayaran sus lealtades, sopesaran su poder y reforzaran sus campos de influencia.

Bustamante parti� a Zacatecas para combatir al gobernador insurrecto. A medio camino recibi� la noticia del pronunciamiento de Santa Anna en Puebla y su disposici�n de enfilar tropas rumbo a la ciudad de M�xico. Ante estas noticias, Bustamante se vio obligado a regresar de inmediato a la capital de la Rep�blica.

Moctezuma aprovech� esta circunstancia para reunir adeptos en la regi�n de R�o Verde y en Tamaulipas, en donde siempre encontr� un espacio propicio para rehacer y organizar sus fuerzas. A mediados de noviembre se situ� en la villa de la Soledad de los Ranchos y amenaz� a la ciudad de San Luis. El coronel Nicol�s Condelle defend�a la plaza y hab�a asumido todos los poderes, pues el gobernador de los Reyes y dem�s autoridades hab�an huido. Moctezuma le pidi� que se rindiera y que brindara su reconocimiento a Manuel G�mez Pedraza como presidente de la rep�blica. Este incidente suscit� una airada respuesta de Condelle. Vale la pena transcribirla, ya que refleja hasta qu� punto la naturaleza y las contradicciones de los hechos pol�ticos actuaban en las esferas m�s personales:

El general G�mez Pedraza, que se encontraba en el exilio, regres� a M�xico a principios de noviembre de 1832. Condelle capitul� a principios de diciembre.

El Convenio de Zavaleta, que se firm� el 23 de diciembre, determin� que Anastasio Bustamante reconociera al general G�mez Pedraza como presidente de la rep�blica. San Luis Potos� hizo otro tanto y la guarnici�n y la plaza quedaron a las �rdenes del general Moctezuma.

Vicente Romero volvi� a ocupar la gubernatura y restableci� la Legislatura, que declar� a Moctezuma general de divisi�n y benem�rito del estado. Otorgaron, adem�s, el nombre de Villa de Moctezuma a la de Alaquines, donde hab�a nacido Jos� Esteban Moctezuma. Una nueva oleada de antiltispanismo, promovida por la participaci�n m�s amplia de los federalistas, recorri� las c�maras locales que orquestaron una iniciativa de ley que decretaba la expulsi�n de los espa�oles. Esta iniciativa no prosper�; sin embargo, anticipaba la ley general que se promulg�, con muchas reservas, el 16 de enero de 1833.

En las elecciones para el nuevo periodo constitucional Vicente Romero fue electo gobernador. Antonio L�pez de Santa Anna fue electo presidente y Valent�n G�mez Far�as vicepresidente. Deb�an ocupar sus cargos a partir del 1� de abril de 1833; no obstante, Santa Anna dej� la presidencia en manos de G�mez Far�as y se retir� a su hacienda de Manga de Clavo. G�mez Far�as inici� la reforma eclesi�stica y militar que se conoce como la Reforma de 1833.

Esta reforma, aunque ten�a antecedentes en varios estados, pronto despert� una notoria reacci�n. En Michoac�n se pronunci� el capit�n Ignacio Escalada; el general Gabriel Dur�n se levant� en Tlalpan e invit� a Santa Anna a suscribir el plan contra el llamado Partido del Progreso —G�mez Far�as, Francisco Garc�a y Jos� Mar�a Luis Mora—se hab�a apoderado de las asambleas legislativas. Unido a Dur�n y a otros militares, el general Mariano Arista reconoci� a Santa Anna como Supremo Dictador de la Rep�blica; sin embargo, Santa Anna, lejos de secundarlos, combati� a los pronunciados. Sali� a pelear contra Arista y Dur�n, que se internaron en Quer�taro y Guanajuato. La epidemia de c�lera que asolaba la regi�n y que hab�a cobrado en San Luis y en la Huasteca alrededor de 3 000 v�ctimas acab� tambi�n con los ej�rcitos, que no tuvieron m�s remedio que dispersarse. Santa Anna se fue a San Miguel, Arista se fortific� en Guanajuato y Dur�n march� infructuosamente sobre la ciudad de San Luis, que se encontraba defendida por Esteban Moctezuma.

En marzo de 1834 Santa Anna asumi� de nuevo la presidencia, ya que G�mez Far�as no pod�a controlar la oposici�n que se hab�a generado con las reformas de 1833. Pocos d�as despu�s se proclam� el Plan de Cuernavaca que, con el lema de "Religi�n y Fueros", declaraba al general Santa Anna como la �nica autoridad en el pa�s capaz de restablecer el orden y la calma. Santa Anna suspendi� la aplicaci�n de las leyes de 1833. G�mez Far�as se retir� a Zacatecas y poco despu�s sali� del pa�s. S�lo tres estados dejaron de sumarse al Plan de Cuernavaca: San Luis Potos�, Zacatecas y Jalisco que estaban de acuerdo en defender las instituciones democr�ticas y las leyes reformistas. Santa Anna se encarg� de convencerlos por la v�a de las armas. Romero se dirigi� a Zacatecas para procurar el apoyo militar del gobernador Garc�a; mientras tanto, el general Moctezuma se qued� como general en jefe de todas las fuerzas del estado. El general Luis de Cort�zar, enviado por Santa Anna para combatir a Moctezuma, entabl� correspondencia con su adversario; en ella le hac�a notar que todo el pa�s hab�a adoptado el Plan de Cuernavaca y que no tendr�a fuerzas suficientes para resistir. Moctezuma convoc� a la junta de guerra y acordaron renunciar a la lucha. Tambi�n pidi� a De Cort�zar que le permitiera retirarse a los partidos de oriente, a la Huasteca.

Tomada la plaza por De Cort�zar, la legislatura se adhiri� al Plan de Cuernavaca y Romero, refugiado primero en Zacatecas, se fue a la ciudad de M�xico. Se nombr� gobernador interino a Juan Jos� Dom�nguez, quien convoc� a elecciones y result� electo gobernador constitucional en enero de 1835. Las personas que integraron los cuerpos de gobierno se inclinaban mayoritariamente por el proyecto centralista y, en algunos casos, si no es que en todos, se les podr�a calificar de conservadores. Ese a�o, el cura de la parroquia de San Luis, Jose Mar�a Guill�n, era, a la vez, el presidente de la V Legislatura del estado.

A fines de enero de 1835 Santa Anna volvi� a retirarse a su hacienda de Manga de Clavo; por ello, el potosino Miguel Barrag�n ocup� la presidencia de la Rep�blica. El estado de Zacatecas se opuso abiertamente al proyecto centralista y, como respuesta, Santa Anna decret� severas sanciones, entre ellas, la segregaci�n de una parte de su territorio para constituir el estado de Aguascalientes y la cancelaci�n del control que ejerc�a sobre dichas tierras. A finales del a�o, el Congreso ya hab�a expedido la ley que sentaba las bases para la futura Constituci�n central, en la que se daba el nombre de departamentos a los estados, desaparec�an las legislaturas locales y el gobierno general se reservaba el derecho de nombrar a los gobernadores. Al oponerse a esta nueva legislaci�n, los texanos encontraron un argumento m�s para independizarse.

En noviembre los colonos de Texas, en la Convenci�n de Austin, se consideraron con el derecho a organizar un gobierno independiente y adoptar medidas adecuadas para protegerse mientras M�xico no tuviera una constituci�n que regulase su asociaci�n pol�tica. A fin de someter lo que ya se percib�a como una rebeli�n organizada, Santa Anna lleg� a principios del mes de diciembre de 1835 a San Luis Potos�, estableci� su cuartel general, aument� sus tropas y parti� el 2 de enero de 1836 hacia Texas, donde cay� preso.

El general Barrag�n muri� en febrero de 1836. Lo sustituy� Jos� Justo Corro, quien organiz� un nuevo ej�rcito de operaciones, el Ej�rcito del Norte, al mando del general Nicol�s Bravo. Este lleg� a San Luis Potos� en noviembre de 1836, escaso de recursos; llev� al ej�rcito solamente hasta Matamoros y ah� dej� el cargo al general Vicente Filisola. El mismo a�o que Bravo entraba con sus magros ej�rcitos a la ciudad de San Luis, aparecieron en la escena p�blica los j�venes pol�ticos Ram�n Adame, Juli�n de los Reyes, Ponciano Arriaga y Mariano �vila; estos dos �ltimos iniciar�an sus carreras bajo la protecci�n de Esteban Moctezuma y ser�an piezas claves del liberalismo potosino. La separaci�n de Texas convenci� a Ponciano Arriaga y a Mariano �vila de que el sistema pol�tico m�s adecuado para el pa�s era el federal; sus ideas fortalecieron su amistad con el teniente coronel Ram�n Garc�a Ugarte, jefe del batall�n activo de San Luis, quien se opuso, en abril de 1837, a las nuevas juntas departamentales y proclam� en San Luis el restablecimiento del sistema federal; su lema fue "Federaci�n o muerte".

Garc�a Ugarte, al mando de sus tropas, se apoder� de la plaza, apres� al gobernador, reuni� a la diputaci�n permanente de 1834 para que ejerciera la administraci�n p�blica y encomend� a Ponciano Arriaga la misi�n de ir a Rioverde y convencer al general Moctezuma para que se hiciera cargo del mando del ej�rcito. Arriaga cumpli� con este cometido. Moctezuma se encontr� con Ugarte y su tropa, la que se nombr� Primera Divisi�n del Ej�rcito Libertador, y con ella regres� a la villa de Santa Elena, hoy Ciudad Fern�ndez, donde estableci� su cuartel. Ante estos acontecimientos, el gobierno general trat� de evitar que la insurrecci�n se extendiera y comision� para ello al general Mariano Paredes y Arrillaga. En los �ltimos d�as de mayo, las fuerzas de Moctezuma se enfrentaron a las del general Paredes; Moctezuma cay� herido de muerte en el primer encuentro. Mariano �vila fue hecho prisionero y Ponciano Arriaga tom� provisiones para ocultarse en la Huasteca hasta fines de a�o. Ambos contaban ya con las simpat�as de importantes sectores de la sociedad potosina.

Con la muerte de Moctezuma y la desaparici�n de Romero de la escena pol�tica regional, qued� claro que los actores de la opci�n federalista en San Luis Potos� no hab�an logrado construir un poder hegem�nico cuyo eje fuera, por un lado, la gesti�n pol�tica de Vicente Romero, ubicada en la ciudad de San Luis y apoyada por sus alianzas con el federalismo zacatecano y, por el otro, el poder militar de Esteban Moctezuma, sustentado en su arraigo y atractivo en la regi�n del oriente potosino. Ninguno de los dos pudo encontrar el equilibrio entre el poder regional y los continuos cambios del poder nacional. Contrastan con el general Luis de Cort�zar, en Guanajuato, quien pudo ejercer su autoridad con una actitud moderada y extender su influencia durante un lapso prolongado no s�lo sobre su estado, sino tambi�n en los estados vecinos. Es cierto tambi�n que el general De Cort�zar, a diferencia de Romero y Moctezuma, contaba con importantes recursos econ�micos personales y era miembro de una de las familias m�s ricas de la entidad, diferencia que habr�a de ser significativa para la conformaci�n de los nuevos grupos de poder.


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