XVII

LA IRA

ABANDONA la ira.
Abandona el orgullo.
Cuando no tienes apego
por lo que tiene nombre y forma
estás más allá del sufrimiento.

La ira es una carreta sin control.
Aquel que controla su ira naciente
es en verdad un buen conductor.
Los demás sólo agarran las riendas.

Con bondad vence al mal.
Con gentileza vence a la ira.
Con generosidad vence al odio.
Con la verdad a la mentira.

Habla con la verdad,
da todo lo que puedas

y... ¡no te enojes!
Estos tres pasos te llevarán
a la presencia de los dioses.

Los sabios no hacen daño,
son maestros de su cuerpo
y han roto las ataduras:
están más allá del dolor.

Aquellos que buscan la perfección
vigilan de noche y de día,
hasta que los deseos se desvanecen.

Escucha, esto no es nuevo,
es tan sólo un viejo refrán:
"Te critican si estás en silencio,
te critican si hablas mucho,
te critican si hablas poco".
De todas maneras te critican.

El mundo siempre halla manera
de alabarte y maldecirte.
Siempre ha sido así.
Siempre será.

¿Pero quién se atreve a maldecir
al hombre que los sabios respetan,
aquél cuya vida es virtuosa y buena?


¿Quién maldice una moneda de oro
que se ha encontrado en el río?

Concentrado en el conocimiento
hasta los dioses lo admiran.
Hasta Brahma lo alaba.

Cuídate de las iras del cuerpo.
Domínalo, sé su maestro
deja que sirva a la verdad.

Cuídate de las palabras iracundas.
Domina todas tus palabras,
deja que sirvan a la verdad.

Cuídate de las iras de la mente.
Domina tus pensamientos,
deja que sirvan a la verdad.

Sabios son aquellos que dominan
el cuerpo, la palabra y la mente.
Estos son los verdaderos maestros.

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