XXII

LA OSCURIDAD

UN HOMBRE niega la verdad.
Otro no es responsable de sus actos.
Ambos andan en la oscuridad
y sufren, en este mundo y en el que sigue.

Pueden vestir la túnica amarilla
pero si no se han purificado,
también andan en la oscuridad.

La maldad los persigue.
Más les valiera comer hierro fundido
que comer en la mesa de los buenos.

Si deseas la mujer de otro hombre
andas buscando muchos problemas:
no puedes dormir tranquilo,
recibes acusaciones, sufres
y te entregas a la oscuridad.



Si vas contra la ley
andas en la oscuridad.
El placer fugaz se vuelve miedo
pues los castigos son severos.

Como esas hierbas que hieren la mano
del que no sabe tomarlas,
la renunciación puede lastimar
a quien no la sabe manejar.

Pues la renunciación no vale nada
si la vida no es realmente pura,
si se rompen las promesas.
Así no se obtienen buenos frutos.

Haz lo que tienes que hacer,
con ánimo resuelto, con todo el corazón.
El viajero débil que tiene dudas
sólo levanta polvo en el camino.

Es mejor no hacer nada
que hacer lo que está mal.
Recuerda que todo lo que haces
lo haces en ti mismo.
No hagas cosas que después
sean causa de arrepentimiento.

Como se custodia un pueblo fronterizo
guardate bien a ti mismo,
por dentro y por fuera.
No dejes de vigilar ni un momento
si no quieres que la oscuridad te venza.

Avergüenzate sólo
de lo que es digno de vergüenza.

Teme sólo aquello que debe ser temido.
Lo demás no debe darte miedo ni vergüenza.
Ve la maldad sólo en la maldad.

Si no tienes criterio
confundes el buen camino
y vas en pos de la oscuridad.

Ve las cosas como son.
Ve lo que es y lo que no es.
Sigue el buen camino: ¡anda!

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