XXIV

LOS DESEOS

SI TE quedas dormido
los deseos se multiplican
como enredaderas en la selva.
Vas de un árbol a otro,
vas de una vida a otra
buscando el fruto sin paz.

Cada vez que te llenas de deseos
tus sufrimientos se multiplican
como una espesa enredadera.

Pero si subyugas tus deseos
las penas se irán resbalando
como gotas de rocío que caen
de la tersa flor de loto.

Éste es un buen consejo para todos:
corta tus deseos como se corta la hierba
desde la misma raíz fragante.
De otra forma la muerte
habrá de golpearte una y otra vez
como el no golpea los juncos.

Pues si las raíces están firmes
un árbol caído se levanta de nuevo.
Si los deseos no se desarraigan
las penas vuelven a aparecer.

Treinta y seis corrientes fluyen hacia ti:
deseos, placer, concupiscencia...
juega con ellas en tu imaginación
y te arrastrará su apasionado oleaje.

¡Poderosas corrientes
que fluyen dondequiera!
¡Enredadera de los deseos!
Si la ves retoñar, ten cuidado:
córtala de raíz con la sabiduría.

Los placeres fluyen por doquier.
El hombre que se deja llevar por ellos
es arrastrado de una vida a otra.

Así corres como liebre perseguida,
acosado por tus propios deseos...
agobiado de una vida a otra.

¡Oh buscador, deja de sufrir!
Abandona de una vez los deseos
y libérate de tus propias cadenas.

Has salido de la oscuridad a la luz,
¿para qué volver a la oscuridad?
Si eres libre, ¿por qué volver a la cárcel?

No es el hierro el que te encadena,
no son cuerdas ni son candados,
sino el deseo que tienes de riquezas,
la pasión por tu mujer y por tus hijos.

Parecen lazos suaves,
¡pero cómo te inmovilizan!
¿Los podrás romper? Hay quien puede.
Hay algunos que renuncian al mundo,
que hacen a un lado los deseos
y se lanzan de lleno al camino.

¡Oh esclavo del deseo!
Te dejas llevar por la corriente...
Así como la araña teje su mortaja,
así se encuentra el hombre
sujeto por sus propios deseos.
Renuncia a tus sufrimientos,
deja el mundo y sigue el camino.

Abandona el pasado.
Abandona el futuro.
Abandona el presente.
Cruza por fin a la otra orilla,
más allá del nacimiento y de la muerte.

El deseo crece en el hombre inquieto
por sus pasiones y su ansia de placer:
si tus antojos se vuelven necesidades
estás labrando tus propias cadenas.

Medita, calma tu mente, reflexiona:
nada en realidad te tiene atado.
¡Puedes romper las cadenas de la muerte!

El que es valiente y fuerte
y puede llegar hasta el final
libre de pasiones y deseos,
ha limpiado la vara de espinas:
éste es su último cuerpo.

Aquel que está libre de deseos
conoce el significado de las palabras:
sabe lo que viene primero
y sabe lo que viene después.
Es un sabio, un santo,
y éste es su último cuerpo.

"La victoria es mía,
me he vencido a mí mismo.
He renunciado a mis deseos
y con toda pureza sigo
el camino del conocimiento.
Soy mi propio maestro."

No hay regalo más grande que la verdad,
y no hay un vino más dulce
ni mayor felicidad que haberse liberado
de las amarguras del deseo.

El necio es su peor enemigo.
Buscando la riqueza se destruye
y destruye de paso a los demás.
Busca mejor la otra orilla.

La maleza es el veneno de los campos
y la ignorancia es el veneno del hombre.

La cizaña destruye los campos
y la pasión destruye al hombre.

Honra a aquellos que viven sin desear,
sin odio, sin pasión, sin ilusiones.
Honra a aquellos que viven sin error
y recibirás a cambio mucho más.

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