Pedro Ascencio se mantuvo invicto hasta mediados de 1821. Organizó sus partidas haciendo que los habitantes de los pueblos fueran simultáneamente soldados y campesinos, que cabalgando a lomo de mula caían como rayo sobre el enemigo por entre senderos abruptos y con la misma presteza desaparecían. El presbítero Izquierdo, originario de Sultepec, colaboró estrechamente con Ascencio.
Valiente, cauto e ingenioso, Pedro Ascencio venció al comandante Juan Domínguez en Santa Rita y al coronel Rafols allí mismo, en el cerro de la Rueda y en el de San Vicente. También desbarató las tropas que intentaban atacarlo en San Pablo, en la Goleta, en Cerromel y en Almoloya. Singular triunfo obtuvo Ascencio contra Iturbide en la cañada de Tlatlaya, copando la retaguardia. No poco debió de influir en Iturbide la resistencia de Ascencio y de Guerrero para proyectar el Plan de Iguala. Bien es verdad que el restablecimiento de la Constitución de Cádiz cambió a tal grado la situación de la Nueva España que, con la bandera de las Tres Garantías Independencia, Religión y Unión, Iturbide pudo armonizar la diversidad de opiniones e intereses y consumar así la Independencia nacional. Ascencio ya no pudo presenciar esto, pues murió en Tetecala el 2 de junio de 1821.
Uno de los pocos hechos de armas que coadyuvó para la consumación de la Independencia ocurrió en el valle de Toluca. Sucedió que llegaron a México tropas de España, llamadas expedicionarias, y con ellas trató el virrey de sofocar la insurrección promovida por Iturbide. Envió una división de esas tropas al valle de Toluca contra el trigarante Vicente Filisola. En la hacienda de La Huerta, Filisola diseñó su plan y así lo llevó a cabo el 19 de junio de 1821. Consistió en atraer al enemigo hacia el centro; una vez logrado este propósito, lo flanqueó y lo envolvió trágicamente. Por el campo trigarante destacó Felipe Martínez, sucesor de Pedro Ascencio de Alquisiras.