Una gran porción de la plata extraída de Zacatecas salía de contrabando por la costa del golfo o por la del Pacífico, no obstante el control que se ejercía para evitarlo; en tanto, productos de China y Europa llegaban ilegalmente para consumo local o para su distribución entre las poblaciones norteñas. Se afirma que en el siglo XVII
del comercio ultramarino dos terceras partes se hacían de manera ilegal.
El incremento de la actividad mercantil llevó a Guadalajara a ser el principal centro de abastecimiento de la región del noroccidente. El comercio se hacía principalmente en los tianguis, de origen prehispánico, que se ajustaron a los nuevos condicionamientos económicos y sociales. De hecho, el tianguis pronto se convirtió en un verdadero centro de "tratos y contratos", además de un lugar de simple compra y venta.
Esta práctica propició la presencia de mercaderes viandantes o "mercachifles" que recorrían los pueblos vendiendo artículos de poco valor. El comerciante establecido, por su parte, surtía a los españoles.
A menudo, mercancías procedentes de España eran acaparadas por el Consulado de Comerciantes de la Ciudad de México, el único distribuidor autorizado de productos ultramarinos, con cuya especulación obtenía enormes beneficios mediante el alza de precios. Incluso, vendedores de lugares tan importantes como Guadalajara y Zacatecas debían tratar directamente en este sitio sus transacciones de gran monta, viendo con enojo cómo se quedaba parte de las ganancias allá.
Con frecuencia, los productos que llegaban a Nueva Galicia aumentaban hasta en 40% su costo respecto a su valor nominal, debido al exceso de impuestos y a los gastos de transportación y almacenaje. Pero había otros, cuya circulación estaba controlada por los estancos, como la sal, los naipes, el tabaco, la pólvora y el mezcal, que lo incrementaban aún más.
Los recursos económicos neogallegos invertidos en mercancías dieron lugar a un tejido comercial muy vasto. Telas asiáticas que entraban por el puerto de Navidad se concentraban en Purificación; del rumbo de Zapotlán provenían vino, vinagre, miel, sogas, ropa, hilos de algodón, agujas, clavos, bálsamos y cacao. Grana de Tuxcacuesco y Autlán; sal y algodón de Colima; "panes de sal" de Sayula, Zacoalco y Atoyac y un sinfín de cosas que hacían del comercio uno de los mejores recursos que las autoridades tapatías tenían para allegarse ingresos.
Guadalajara recibía también una gran cantidad y diversidad de productos de
lugares más cercanos: de Ixcatán el algodón, esteras y canastos de Magdalena,
loza vidriada de Tlacotán, vestidos de Tlajomulco, sal de Poncitlán y pescado
fresco de Chapala y Cajititlán. Además, los indios bajaban carbón, leña y maderas
de las serranías cercanas y traían todo tipo de pasturas.