Uno de sus biógrafos dice que el padre Mier llegó a hacer sus evasiones "con maestría de fantasma". Habiendo logrado escapar pudo pasar a Francia, estuvo en Bayona y en París. En esta ciudad conoció a Simón Rodríguez, maestro de Bolívar. Allí tradujo la Atala, de Chateaubriand y, aunque temporalmente, tuvo a su cargo la parroquia de Santo Tomás.
En 1802 logró viajar a Roma. El Papa lo secularizó; esto es, lo eximió de estar sometido a la regla de la orden religiosa a la que pertenecía. También le dio nombramiento de protonotario apostólico. Nuevamente en Madrid fue capturado y preso en los Toribios, de Sevilla, en 1804. De allí escapó para ser reaprehendido en Cádiz, pero, después de una nueva evasión, se fue a Portugal donde permaneció tres años. Su movilidad era increíble. Durante la invasión napoleónica reapareció en España, figurando como capellán castrense del Batallón de Voluntarios de Valencia, en 1809.