A partir de 1714 figuraron como rectores los padres Francisco Ortiz, en dicho año, Manuel Fernández en 1717 e Ignacio Treviño en 1723. Treviño era hijo del gobernador Francisco Báez Treviño y de doña Catalina de Maya. Este matrimonio se constituyó en benefactor de la institución, al grado de que en su testamento, otorgado en 1720, dispusieron ser enterrados en la capilla del colegio. En 1728 era rector el padre Juan de Arellano, nacido en San Nicolás de los Garza, y en 1732 el padre Marcelino Bazaldúa.
El colegio fue en decadencia. La Compañía de Jesús, aunque tenía grandes posesiones de tierra en Nuevo León, decidió cambiar su residencia a Parras, donde se halla todavía. En 1745, el último rector, padre Juan José de Nava, fue autorizado para vender todos los bienes, entre éstos la hacienda de San Francisco Javier, de Sabinas. La compró el general Francisco Ignacio Larralde. Desde entonces se llama La Larraldeña.
No acabó, por ello, el deseo de cultura. Algo había mejorado el medio en el Nuevo Reino de León. Ya había mayor oportunidad de estudiar. La nómina de bachilleres y licenciados nacidos aquí fue en aumento, mencionaremos sólo algunos: el doctor Matías López Prieto, del valle del Huajuco, quien llegó a ser rector del Seminario de México y vicario general del obispado de Guadalajara; murió allá hacia 1745, y su sobrino, de igual nombre, que un día se fue de Monterrey con unos arrieros a Guadalajara y allá se educó, fue licenciado por la Universidad de México, y, al morir en Monterrey en 1797, era canónigo de la catedral.
Tan importante como ellos fue el padre José Antonio Martínez, originario de San Antonio de los Martínez, hoy villa de Marín. Doctor y maestro por la Universidad de México y catedrático de la misma universidad, fue el primer cura de Salinas, de 1755 a 1768; llegó a ser vicario del obispado de Guadalajara y fue canónigo de aquella catedral.