IX. DESDÉN PARA EL ELOGIO

En estos tiempos modernos en que los juicios se formulan rápidamente y en que todo el mundo escribe, debemos considerar que existen muchas reputaciones gloriosas que no tienen fundamento ninguno y muchos desprestigios que no deben ser considerados como tales. Estas reputaciones y estos desprestigios son como fogata de hornija o como jiste o espuma de cerveza: no resisten a un examen atento, y con la misma rapidez con que se fabricaron se disipan.

El político debe meditar en el valor de las censuras y de la albanzas. No conceda a la censura y a la balanza más valor del que tienen. Es fácil ser indiferente a la censura o sobreponerse a la contrariedad que nos produce; no es tan hacedero tomar el elogio en el sentido que realmente tiene. El político habrá de pensar que son muy pocos los elogios que son capaces de llenar y satisfacer a una persona delicada. Un hombre vulgar se henchirá de satisfacción ante un elogio impreso en un periódico o en un libro; un espíritu frío, acaso note en tal elogio una hipérbola, una exageración, algo que traspasa los lindes del elogio para entrar en los de la apología.

El elogio de los admiradores es lo que más pone a prueba la fe y la constancia de un artista. Se puede resistir a la censura, aun a la más despiadada y acre; pero ¿cómo no llenarse de tristeza y de desconsuelo ante ciertos elogios que los entusiastas del literato o del orador publican? En ellos, con la mejor intención, un aspecto de la obra que no tiene importancia es señalado y ensalzado; se deja pasar en cambio un matiz delicadísimo, tenue, en que el autor ha puesto su espíritu. La ironía es acaso tomada por actitud de seriedad y recia afirmación; en tanto que una aservación que se ha hecho burla burlando, pero con mucha gravedad en el fondo es considerada como una leve chanza. Alegrías que en lo substancial son tristezas pueden pasar por inofensivas alegrías, y en cambio se ve tristeza donde el autor no ha hecho sino pasar con indiferencia y con desdén .

No estime el político un elogio en más de lo que realmente vale. Agradezca la buena voluntad de los que elogiaren; pero por encima de los ditirambos, de las hipérboles y de los entusiasmos de sus admiradores, él sepa poner un ligero y amable desdén.

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