El león representa la fortaleza: la vulpeja simboliza la astucia. El león es fuerte, grande, magnífico: la vulpeja es hábil, ligera, discreta.
Nicolás Maquiavelo quiere que el político sea como el león y sea como la vulpeja. Maquiavelo fue un político muy notable; intervino en multitud de asuntos diplomáticos; conoció y trató íntimamente a hombres insignes y príncipes; luchó ardientemente por la libertad de su patria; sufrió el olvido y la pobreza. Durante estos días amargos de escasez que él soportó ligera y tranquilamente escrbió el diplomático florentino en su libro II principe.
El político ha de ser fuerte y hábil: ésta es la doctrina de Maquiavelo. El león y la vulpeja le suministran un ejemplo para hacer patente, resaltante, su idea. Es necesario dice Maquiavelo ser vulpeja para conocer los lazos y ser león para espantar los lobos: bissogna essere volpe o conoscere i lacci, e lione a sbigottire i lupi.
El león y la vulpeja son dos animales famosos en la historia de la política. Cicerón, en su obra De los oficios, libro I, escribe que " de dos modos se puede hacer injuria: o con la fuerza o con el engaño; la fuerza parece propia del león, y el engaño de la vulpeja". Ya mucho antes que el orador romano, Plutarco decía en sus Vidas paralelas, al relatar las gestas de Lisandro, que una de las máximas que profesaba este general lacedemonio era la de que "lo que no se puede conseguir con la piel del león, debe alcanzarse con la de la vulpeja".
Ne quid nimis: huyamos de los extremos. No consideremos al león como usador arbitrario de su fuerza: no tengamos a la vulpeja como tramadora de engaños. El león puede enseñar al político la fortaleza noble: la vulpeja puede adiestrarle en la habilidad discreta.
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