Sobre Baltasar Gracián habría mucho que hablar; no hay en nuestra literatura un psicólogo más completo y agudo.
Baltasar Gracián, en su libro El criticón primera parte, crisis VII, finge que los dos principales personajes del libro llegan a una gran plaza; en ella un prestidigitador está haciendo notables juegos. Se trata de "un elocuentísimo embustero". charla fácil y seductoramente; la multitud le escucha atenta. El taumaturgo hace que algunos papanatas abran la boca y les asegura que en ellas va a echarles confituras; ellos las abren y el embustero les pone en ellas "cosas asquerosísimas", "inmundicias horribles"; la concurrencia alborota y ríe a carcajadas. El mismo prestidigitador traga huesos pelotones de algodón y luego arroja espeso humo y llamaradas; otras veces engulle papel y devuelve cintas de seda de brillantes colores.
Uno de los personajes del libro, Andrenio, gusta mucho de los juegos de este prestímano, y comienza a alabarlo. El otro personaje, Critilo, le reprende y le dice:"¿ Quién piensas tú que es este valiente embustero? Éste es un falso político, llamado Maquiavelo, que quiere dar a beber sus falsos aforismos a los ignorantes. ¿No ves cómo ellos se los tragan, pareciéndoles muy plausibles y verdaderos? Y, bien examinados, no son otra cosa que una confitada inmundicia de vicios y pecados; razones, no de Estado, sino de establo; parece que tiene candidez en sus labios, pureza en su lengua, y arroja fuego infernal que abrasa las costumbres y quema las repúblicas".
El personaje de Gracián sigue en sus acres reprobaciones. No le seguiremos más; basta con lo copiado. Ahora, si abrimos los libros de Gracián y los leemos atentamente, veremos que la vulpeja aparece debajo de la piel del can enseñando su hocico y su larga cola. ¿De quién es el aforismo de que "cuando no pueda uno vestirse la piel del león, vístase la de la vulpeja"? ¿Quién ha dictado la recomendación de que se debe conocer a los dichosos para arrimarse a ellos, "para la elección", y que se debe también conocer a los desdichados para huir de sus personas, "para la fuga"? ¿Qué pluma ha escrito la advertencia de que es preciso "saber declinar a otros los males", es decir, darse maña e industria para hacer que recaiga en terceras personas "la censura de los desaciertos y el castigo común de la murmuración"que nosotros con nuestros actos hemos merecido? ¿Qué mano ha trazado el apotegma de que "no es regla de conservarse querer darse a sí un pesar de toda la vida, por dar placer una vez a otro, aunque sea el más propio; nunca se ha de pecar contra la dicha propia por complacer al que aconseja y se queda fuera; y en todo acontecimiento, siempre que se encontraren el hacer placer a otro con el hacerse a sí pesar, es lección de conveniencia que vale más que el otro se disguste ahora, que tú no después y sin remedio"? En conclusión, ¿ no es de Baltasar Gracián la siguiente breve norma de vida, no exorable y piadosa, en que se compendia todas su psicología del mundo y de la política: "Nunca por la compasión del infeliz se ha de incurrir en la desgracia del afortunado. Es desventura para unos lo que suelen ser ventura para otros; que no fuera un dichoso si no fuera muchos otros desdichados; es propio de infelices conseguir la gracia de las gentes, que quiere recompensar ésta con su favor inútil los disfavores de la fortuna, y vióse tal vez que el que en la prosperidad fue aborrecido de todos, en la adversidad compadecido de todos, trocóse la venganza de ensalzado encompasión del caído. Por el sagaz atienda al barajar la suerte. Hay algunos que nunca van sino con los desdichados, y ladean hoy por infeliz al que huyeron ayer por afortunado; arguye tal vez nobleza del natural, pero no sagacidad"?
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