No por mucho madrugar amanece más aína. Sepa el político no mostrar impaciencia en los comienzos de su carrera; no se precipite; no quiera recoger el fruto cuando aún no está maduro. Conviene que el hombre cauto sepa renunciar a un empleo, cargo o sinecura en determinadas ocaciones; muchas veces este empleo que se nos ofrece no tiene lustre, aunque sea provechoso, o no está a la altura de nuestros merecimientos. El político se verá entonces en un compromiso; él necesitará el cargo, su situación le obligará a aceptarlo, pero al mismo tiempo él comprenderá que no cuadra el cargo a su persona. En estas ocaciones sobrepóngase a sí mismo, sufra, sea abnegado, y no acepte lo que le proponen. Otras veces el cargo puede serle ofrecido con malicia; es espinoso, es difícil, y acaso él no puede salir con bien de la empresa y se estrellará en él y perjudicará su carrera. Aunque mucha sea su codicia y su ambición de honores, acierte a ver este escollo, huya de la tentación y resígnese a no ser nada por lo pronto, a esperar otro tiempo. Finalmente, el cargo que se le ofrece al político puede ser adecuado a su persona, puede concordar con sus merecimientos; pero, sin embargo, quizá sea una ventaja el renunciarlo. Si este político no tiene prisa, si está muy seguro de sí mismo y de su persona, una renuncia de éstas, una renuncia digna, solapada bajo modestia, puede serle más útil que el cargo mismo.
No es preciso decir que cuando se renuncie a un cargo por no creerlo digno con la persona, o por otro motivo de amor propio, no se debe exteriorizar la interior contrariedad; las palabra duras que se lanzan en un caso de éstos de despecho ya no se puede recoger; pasa el tiempo; viene otra situación más propicia en que pudiéramos obtener cargo mayor, y entonces vemos que por nuestra cólera, por nuestra inquietud, por nuestra irritabilidad de antaño nos hemos cortado el porvenir al ponernos mal con el que otorga las mercedes.
Siempre que renunciemos a un cargo protestemos de nuestro afecto y de nuestra gratitud a quien nos lo otorga; pretextemos para nuestra renuncia nuestros negocios particulares o nuestro estado de salud. Que nuestras palabras sean completamente cordiales: que ya, si el que otorga es inteligente, sabrás traslucir nuestros verdaderos motivos para la renuncia y nos agradecerá nuestra resignación y nuestra cordialidad; prendas que nos meteran más en su corazón para otra vez.
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