Manjares gastron�micos

Manjares gastron�micos


No se puede soslayar el renombre de la comida tradicional campechana, pues ha filtrado su prestigio y gusto m�s all� de los l�mites estatales. La inmigraci�n y los navegantes hicieron posible en Campeche confeccionar guisos que forjaron para la cocina regional una fama poco com�n. Las especies y art�culos europeos, combinados con productos regionales, han originado deliciosos bocados: igual el aceite espa�ol que el queso holand�s, otras variedades han distinguido la infinidad de combinaciones con peces, mariscos o aves del lugar. En septiembre de 1967 un banquete de inauguraci�n del gobierno de Carlos Sansores P�rez mostr� a los invitados —sin ser muestra culinaria— m�s de 135 platillos diferentes. Refiere un escritor —que tambi�n fue gobernante en 1942— que una comida sin mayor solemnidad en el Instituto Campechano inici� con un plato de cangrejos al natural, prosigui� con ensalada de camarones, para continuar con una sopa de cabeza de cherna, un p�mpano a la cazuela, un pavo del monte en escabeche y algunas postas de esmedregal frito. Los tradicionales frijoles fueron el pre�mbulo de dulces como el camote con coco; el agua de horchata, el aparentemente inofensivo chile habanero y la naranja agria fueron estimulantes auxiliares.

Dijo P�rez Mart�nez que el p�mpano poc chuc tiene un sabor que fortalece cualquier imaginaci�n. El tamal de corvina asciende a categor�as insospechadas y nos describe otros bocados que deleitaron el paladar del m�s r�stico comensal:

Silvia Molina, que nunca ha dejado de advertir las peculiaridades de la comida campechana, refiere en uno de sus libros que cuando llegaba la hora de la comida, su est�mago comenzaba a dilatarse ante:

La modernidad de Campeche no s�lo se encuentra en las construcciones, sino tambi�n en el gusto por una cocina que, siendo de anta�o, hoy tiene talento y prestigio. Ha escrito la se�ora Molina: "La fama de nuestra cocina se debe no s�lo a la variedad de los ingredientes sino al temperamento juguet�n y apasionado de las mujeres y de los hombres que hicieron del ritual de la cocina su propia expresi�n".

Disfrutar de tan grande variedad es un quehacer natural. Se cuenta que los hombres asist�an, canasta en mano, al mercado en horas tempranas en el Carmen y Campeche, y lo hac�an para que la familia, las se�oras, no fueran a ser secuestradas por alg�n pirata reci�n desembarcado. Otros dicen que lo anterior es mentira, que al campechano le gusta elegir la comida que preparar� su esposa o su familia. Lo cierto es que abundan los recetarios impresos, como el de Josefina Fern�ndez de Robidoux, Secretos de cocinas carmelitas. Tambi�n es verdad que hay numerosos platillos que se guardan en secreto, en la memoria de cocineras de altos vueIos, que los ponen a la mesa s�lo cuando se trata de agasajar a invitados o familiares.


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