La administraci�n santacrucista


Enrique Zamudio, en el n�mero de La Patria correspondiente al 21 de octubre, publicaba un art�culo sobre la situaci�n en Colima. Tocaba el manido punto de los muchos temores surgidos desde el instante en que el Senado desconociera los poderes y Porfirio D�az diera comisi�n al general Galv�n para restablecer el orden constitucional. �ste, dec�a Zamudio, "al principio fue visto de reojo por la misi�n de trastornar el orden constitucional que llevaba", pero el tino conciliador del comandante militar hizo "olvidar el golpe que recibiera la autonom�a del Estado". Pedro A. Galv�n, en efecto, supo limar asperezas y superar la desconfianza del pueblo que siempre hab�a dado muestras de ser celoso de su independencia y que, impotente, se hab�a visto sometido a "estado de sitio, puesto que no equivali� a otra cosa el cambio repentino que convino hacer all� de las autoridades". Otro �xito espectacular —insist�a La Patria— hab�a logrado Galv�n al permitir que los ciudadanos eligieran con libertad a sus autoridades, impidiendo "que los c�rculos de aduladores que no faltan, le echaran una venda en los ojos y lo obligaran a revestirse �l mismo con el car�cter de primera autoridad constitucional". Zamudio reconoc�a que el gobernador provisional cumpli� con su deber y hab�a demostrado una acrisolada vocaci�n democr�tica, lo cual justamente resultaba algo ins�lito en el resto del pa�s.

El articulista de La Patria agregaba: Colima vive en la actualidad los primeros pasos de la administraci�n santacrucista, y el coronel es un hombre popular que el pueblo ya ha experimentado, a�os atr�s, como gobernante. "Amante de la juventud, amante de las mejoras materiales, amante de la democracia, su gobierno no puede menos que ser progresista", sobre todo porque "es secundado por la sociedad".

El articulista de La Patria lanzaba su moraleja:

En el oasis la vida transcurr�a con normalidad. Para los anales de la burocracia, Justo Tagle repet�a en la Secretar�a de Gobierno y Gildardo G�mez como su oficial primero; Remigio Rodr�guez, amigo de la escritura, se aupaba como juez del Registro Civil; y J. Joaqu�n Salda�a era designado director de la Imprenta del Gobierno. Lucas Huerta fungi� durante 10 d�as como juez de primera instancia suplente y ahora estaba reclamando los centavos que le correspond�an de sueldo por tan agobiante trabajo; pero la bolita se la echaban unos a la Tesorer�a Municipal y �sta a su hom�nima del estado. Llegaban noticias del general Galv�n: restablecido de sus males, viajaba de Guadalajara a M�xico en busca de chamba; pronto la obtuvo: fue destinado a Manzanillo como administrador de la Aduana Mar�tima. Claudio Rubalcaba ped�a permiso de hacer ramadas en el arroyo del Manrique para lavaderos, y la Junta Municipal se ve�a a su pesar forzada a tratar un asunto maloliente: en varios tramos se hab�a reventado la cloaca que atravesaba la calle del Jard�n N��ez.

El nuevo presupuesto del estado ascend�a a $48 892.24 —el tercero que se elaboraba y aprobaba durante un a�o— y Manzanillo segu�a sin fondos para el sostenimiento de las escuelas; el problema lo tuvo que afrontar la municipalidad del puerto, destinando para la instrucci�n p�blica 1 125 pesos, cubriendo as� los gastos de dos escuelas. En este presupuesto, Manzanillo destinaba en cambio 1 000 pesos para construir un lazareto y 500 para un cementerio. Hablando de dinero, el director del Liceo de Varones, quien habr�a de lidiar con varias c�tedras, ganar�a 1 000 pesos anuales; un catedr�tico de dibujo cobrar�a 25 al mes, y el experto en caligraf�a, en el mismo periodo de tiempo, 40. Tambi�n 40 pesos costaba la renta del inmueble que ocupaba el establecimiento.

El Bien P�blico, reviviendo las a�ejas aspiraciones de la administraci�n dorotea, propuso de nuevo el asunto de las carreras profesionales. La postura santacrucista compart�a ese sue�o pero haciendo dos salvedades: una, que la eventual apertura de estudios superiores no resultara en detrimento del benem�rito Liceo de Varones, y la otra, que las subvenciones otorgadas a algunos suertudos j�venes para seguir estudios en otros estados, habr�an de mantenerse inc�lumes. La pol�tica educativa de la presente administraci�n insist�a en la ineludible necesidad de reforzar el Liceo como punto de partida para el desarrollo de la ense�anza superior; los becarios, al t�rmino de sus estudios, retornar�an a la patria chica y, unidos a los egresados m�s aventajados del Liceo, constituir�an la planta docente de las escuelas de nueva creaci�n. Esta ret�rica no era m�s que un vistoso estuche que disimulaba la realidad, que muy bien expresaba el vocero oficial del Ejecutivo: la instituci�n de c�tedras de facultad mayor "por ahora nos parece inoportuna por faltarle los elementos necesarios a su existencia Por aquellos d�as tambi�n el Congreso de la Uni�n debat�a un proyecto de escuelas regionales de agricultura. Santa Cruz, que adem�s de la pol�tica comenzaba a sentir una irresistible vocaci�n latifundista, al parecer estaba puest�simo para solicitar la merced de una de ellas.

La Legislatura estuvo muy activa: el 9 de noviembre se divulgaba la nueva Ley Org�nica Electoral; el d�a 11 exped�a t�tulos de abogado a Mariano Riestra y Trinidad Padilla, dispens�ndoles el engorroso y humillante tr�mite de los ex�menes previos; Eduardo E. Medina ve�a revalidado su t�tulo de escribano p�blico expedido por el gobierno de Jalisco tres a�os atr�s. Esta pol�tica de expedir t�tulos profesionales, o reconocerlos sin los ex�menes de rigor; fue criticada con dureza desde las p�ginas de El Nacional.

El 26 de noviembre los diputados autorizaron a Santa Cruz para proceder a la bonificaci�n de la deuda p�blica: los acreedores deber�an recibir de la Tesorer�a un certificado donde se expresase el monto del adeudo; con �l en la mano, se presentar�an en la Secretar�a de Gobierno, y all� se les har�a entrega del bono correspondiente. La deuda ascend�a, al comienzo de la administraci�n santacrucista, a $17 179.91. Hubo comentarios de todos los colores y sabores a este prop�sito. Las exhaustas arcas estatales clamaban por recursos inmediatos y frescos. La administraci�n cort� por lo sano gravando las labores de tabaco que se introduc�an al territorio colimense. La Voz del Pac�fico arremeti� contra esta medida alegando que podr�a provocar la revancha de Jalisco con impuestos similares sobre los productos colimenses. El seminario denunci�: tal decisi�n ha sido tomada "con el ostensible fin de proteger unas cuantas fabriquitas de puros y cigarros, perjudicando al comercio en general, al erario, a los consumidores y a la industria del ramo del tabaco"; es mas —afirmaba el se�or bar�n—, "tal impuesto es un golpe que se ha querido asestar contra la industria del vecino Estado de Jalisco". Para el comentarista de El Estado de Colima, la reclamaci�n del peri�dico del bar�n de Brackel-Welda era inaceptable. Exageraba el austr�aco las iras de Jalisco prejuzgando que supuestamente aquella entidad federativa tomar�a represalias "del agravio de haber impuesto Colima cinco pesos por arroba al tabaco"; y tambi�n el diagn�stico acerca de la afectaci�n de innumerables intereses era excesivo, pues en la ecu�nime opini�n del vocero oficial, "el consumo del tabaco procedente de Jalisco no disminuir� en el Estado por causa de dicha medida", ya que seguir�a habiendo fumadores por estos rumbos aunque les resultase ligeramente m�s costoso; por �ltimo, la nota del semanario del Portal de Portillo, al decir del comentarista, era ofensiva por el desprecio con que ve�a a las "fabriquitas de puros y cigarros" del estado.

Es justo notar que en 1880 ya se produc�a tabaco en Colima, pero "no siendo suficiente, se consume gran cantidad del que introduce el comercio, de Tabasco y Compostela", al decir de Gregorio Barreto. Los resultados cosechados eran tan atractivos que en unos a�os m�s crecer�a espectacularmente su cultivo en la regi�n. La molestia sentida por el peri�dico oficial no dejaba de ser justificada. El propio Brackel-Welda deb�a saber que tan s�lo en la ciudad de Colima estaban funcionando 23 cigarrer�as y purer�as. La emoci�n por el terru�o de don Gildardo, no obstante, hac�a caso omiso de la denuncia de La Voz del Pac�fico sobre posibles y probables malos manejos de la situaci�n por los comerciantes colimenses. De hecho, El Estado de Colima transcrib�a pero no refutaba la observaci�n de Brackel-Welda criticando el plazo previsto por el Congreso para que dicho impuesto comenzar� a causar efecto.

No deja de causar sorpresa sin embargo que el peri�dico representativo de la iniciativa privada pusiera al aire y sin trapitos los "tejemanejes" de su propia clase. El colof�n de esta diatriba vino dos meses despu�s. El Estado de Colima publicar�a en se�al de victoria la nota de un peri�dico influyente de Guadalajara donde se aplaud�a sin reservas su tesis sobre la oportunidad del impuesto al tabaco. En el futuro, "todo el que se divierta lanzando al espacio azules espirales de humo, podr� decir con raz�n que est� contribuyendo para la construcci�n de los ferrocarriles y el adelanto de su pa�s". No hay problema: las justificaciones no dejan de entretener.


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