Laicos o católicos


Fue la concertación de diversos grupos lo que permitió a Vadillo ser gobernador; sin embargo, a mediados de junio de 1921 se hizo patente la ruptura del grupo encabezado por José G. Zuno y los miembros del Partido Liberal Jalisciense con el mandatario tras la destitución del presidente municipal de Guadalajara, Alfredo Romo, y la designación para diferentes puestos administrativos de personas ajenas al medio político de la entidad. La secuencia de conflictos terminó el 14 de febrero de 1922, cuando el Congreso desaforó al gobernador. Vadillo solicitó un amparo, mas le fue negado a causa de las presiones zunistas. El 18 de marzo Antonio Valadez Ramírez fue nombrado gobernador interino por la legislatura local.

Su primer acto fue promover a Luis C. Medina, amigo de Zuno, para presidir el ayuntamiento de Guadalajara; pero la actitud tolerante de Medina con los grupos socialistas que se manifestaban en la vía pública, causando disturbios y chocando con las organizaciones católicas, ocasionó pronto su destitución. El propio Zuno ocupó entonces el cargo, perfilándose así para el ulterior ascenso a la gubernatura.

En abril de 1922 había tenido lugar en Guadalajara el Congreso Nacional Obrero, presidido por el arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, cuya celebración autorizó el mismísimo presidente. Tal actividad, junto a la realización de otros encuentros de obreros católicos, fortaleció sobremanera la influencia clerical en los asuntos laborales, provocando algunos choques entre trabajadores católicos y "rojos". Los primeros serían apoyados por el empresariado, mientras que los últimos, principalmente por las autoridades estatales y los intelectuales que habían constituido el Centro Bohemio, que se habían convertido ya en auténticos rectores de la política local.

Zuno obtuvo un triunfo abrumador en las elecciones celebradas en noviembre de 1922, y asumió el cargo el 1 de marzo siguiente en medio del entusiasmo general. No obstante, la unidad terminó abruptamente cuando llegó el momento de elegir candidato a la presidencia de la República, ya que Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta se repartían las simpatías en Jalisco.

En septiembre de 1923, De la Huerta renunció al Ministerio de Hacienda para levantarse en armas, mientras que en Jalisco Enrique Estrada, su partidario, tomaba rápidamente Guadalajara en abierta rebeldía contra el presidente Obregón y el gobernador Zuno, al tiempo que éste abandonaba la ciudad, dejando claramente establecida su filiación obregonista.

A fin de cuentas, las fuerzas gubernamentales impusieron el orden y el 12 de febrero de 1924 instalaron nuevamente a Zuno en el Palacio de Gobierno. Por su parte, Estrada y De la Huerta huyeron a Estados Unidos, pero Manuel M. Diéguez fue capturado y pasado por las armas en Chiapas. Cabe destacar que, para salir triunfante, Obregón contó con el auxilio de unos 10 mil agraristas.

No obstante, la victoria obregonista no trajo la tranquilidad a Jalisco, sobre todo porque el triunfante gobierno de Plutarco Elías Calles buscaría el control completo de las entidades federativas. Varias organizaciones obreras darían su apoyo incondicional al gobernador, ayudándole a enfrentar los ataques del centro y de la propia CROM.

En favor de los intereses gremiales, Zuno había expedido el 31 de julio de 1923 la Ley del Trabajo del Estado de Jalisco, tendiente a reglamentar las relaciones obrero-patronales y el derecho de huelga. Asimismo, había promovido la creación de una nueva central obrera, tras la escisión de los sindicatos jaliscienses adheridos a la CROM. Así, en septiembre de 1924, se formó un nuevo organismo, encabezado por Esteban Loera, que fue denominado Confederación de Agrupaciones Obreras Libertarias de Jalisco (CAOLJ).

El sindicalismo clerical estaba derrotado y ahora sobrevendría la pugna abierta de los "rojos" de la CAOLJ con los "amarillos" de la CROM. Esta última contaría con el beneplácito de Calles y sería prácticamente dirigida por el ministro de Industria, Comercio y Trabajo, Luis N. Morones, mientras que la CAOLJ estrecharía lazos con la corriente obregonista, representada por Zuno.

Durante su gestión, Zuno procuró acelerar el reparto agrario. Sin embargo, en la mayoría de los casos la tierra repartida era poco fértil, a lo que se sumaba la falta de riego y aperos de labranza, con lo que la situación de los campesinos continuó siendo en verdad crítica.

Algunas disposiciones de Zuno en materia religiosa causaron irritación entre importantes sectores de la población, como lo fue prohibir que se reunieran agrupaciones de filiación católica. La situación se agravó cuando el presidente Obregón expulsó otra vez del país a Orozco Jiménez, en mayo de 1924, porque éste no se avenía a la idea obregonista de que contemporizaran la Iglesia y el Estado. Aparecieron entonces algunos brotes armados en Mazamitla y Sayula, haciéndose necesario el desplazamiento del general Lázaro Cárdenas, jefe de operaciones militares en el estado, para imponer el orden.

En 1924 se propuso la reorganización de la educación primaria conforme a los postulados del nacionalismo educativo y los principios de la llamada "escuela de acción", lo que mereció también el repudio de la jerarquía eclesiástica, que no dejó de azuzar a la feligresía en contra de tales preceptos.

La política de Obregón respecto a las relaciones con la Iglesia no sirvió de ejemplo a Calles. Éste, desde que tomó posesión, manifestó su claro deseo de "limitar los poderes de la Iglesia y la amplitud de su acción social", promoviendo la expedición y aplicación de los requerimientos correspondientes a las leyes constitucionales del caso.

El gobernador Zuno, por su parte, no obstante sus conflictos con Calles, no vaciló en seguir su política anticlerical, con lo que se avivó en Jalisco el enfrentamiento entre el gobierno y la Iglesia, aun antes de que el presidente Calles decidiera poner en vigor a rajatabla las leyes de 1917.

Lo anterior propició que se organizara el Comité de Defensa Religiosa a finales de 1924, encabezado por Anacleto González Flores. A principios de 1925, convertido en Unión Popular, emitió un comunicado exhortando a una conducta firme, enérgica y valiente para afrontar la persecución religiosa. En febrero de ese mismo año, tuvo lugar en la ciudad de México un intento por crear la llamada Iglesia Católica Apostólica Mexicana. A pesar de que resultó fallido, sirvió para que varias asociaciones católicas se cohesionaran y el 9 de marzo dieran forma a la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR), que incitó abiertamente a pugnar por la derogación de los artículos constitucionales que lesionaban los intereses de la Iglesia. En Jalisco, Anacleto González Flores quedó como su delegado.

Frente a la actitud de Zuno en favor de que se cumplieran las leyes en materia religiosa, la liga llevó a cabo en Guadalajara un gran mitin de protesta por la "obra opresora del ejecutivo jalisciense". Más tarde, en agosto, reclamó airadamente a Calles los atropellos a la Iglesia. Iba preparándose así el terreno para la gran revuelta cristera, prueba de ello es que a mediados de 1925, Juan J. Jiménez y Victoriano Ramírez, el Catorce, ya se habían insurreccionado en San Miguel el Alto.

Motivo fuerte de resentimiento por parte del clero fue la fundación de la Universidad de Guadalajara, el 12 de octubre de 1925, ya que el Estado asumía con ello un mayor control de la educación superior. Para echar a andar la nueva casa de estudios, Zuno reunió a un buen número de intelectuales que habían pertenecido al Centro Bohemio, todos concordantes con la idea de "poner la cultura al alcance del pueblo". Poco antes de su inauguración, el 25 de septiembre, el gobernador decretó la primera Ley Orgánica de la Universidad de Guadalajara, al tiempo que designaba como su primer rector a Enrique Díaz de León.


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