Grupos cahitas


Los ind�genas cahitas habitaron los territorios comprendidos entre los r�os Mocorito y Yaqui, este �ltimo en el actual estado de Sonora. Su cultura estaba menos desarrollada que la de tahues y totorames; sin embargo, disponemos de mayor informaci�n acerca de los cahitas que de otros grupos ind�genas debido, entre otros factores, a que fueron evangelizados por misioneros jesuitas, quienes fueron observadores constantes de las costumbres de sus feligreses y redactaron numerosas relaciones que se han conservado.

Los cahitas eran semin�madas, es decir, carec�an de asentamientos definitivos y se desplazaban peri�dicamente dentro de un amplio territorio que reconoc�an como propio y que defend�an en�rgicamente si eran invadidos por grupos vecinos. Aunque todos los cahitas ten�an rasgos culturales comunes, los espa�oles distinguieron entre ellos diversos subgrupos que se diferenciaban por la ubicaci�n de su territorio y por la lengua que hablaban. Si bien las lenguas cahitas pertenec�an a la familia yuto-azteca, hubo diversos dialectos que sirvieron a los jesuitas para distinguir "naciones", que fue el nombre con el que designaban al grupo de ind�genas que ten�an la misma lengua. Se�alaron cinco naciones principales entre los cahitas, muy importantes por el crecido n�mero de familias que las formaban: sinaloa, ocoroni, zuaque, tehueco, mayo y yaqui. Las tres primeras tuvieron sus respectivos territorios en los valles de los r�os Sinaloa y Fuerte; los mayos y los yaquis ocuparon territorios en los valles de los r�os, precisamente, Mayo y Yaqui, que hoy forman parte del estado de Sonora.

Los ind�genas cahitas conoc�an la agricultura. Sembraban en las vegas de los r�os, poco antes de las crecientes, ayudados con la coa o bast�n plantador, que era un palo recto de poco m�s de un metro, con punta endurecida en uno de sus extremos y ligeramente aplanado en el otro. Con la punta de la coa el sembrador hac�a un peque�o agujero para depositar las semillas, que luego rellenaba ayudado con el otro extremo. Con la creciente del r�o las tierras sembradas se inundaban y los indios s�lo deb�an esperar a que las plantas crecieran y el fruto madurara para levantar la cosecha. Este m�todo les permit�a recoger dos cosechas al a�o, pues regularmente eran dos las avenidas anuales de los r�os. Como en Mesoam�rica, las siembras de los cahitas fueron ma�z, frijol, calabaza y chile. Los dem�s productos necesarios para la subsistencia los obten�an de la recolecci�n, la cacer�a y la pesca.

Esta manera de obtener el alimento explica por qu� los cahitas se desplazaban de un lugar a otro, pues la recolecci�n agota los recursos de un sitio y debe buscarse otro que los tenga; se desplazaban a lo largo de las vegas de los r�os para poder sembrar en la forma que conoc�an. Aunque la agricultura era b�sica para su manutenci�n, no bastaba para asegurar la subsistencia porque las fluctuaciones del clima sol�an malograr las cosechas. Las sequ�as, las excesivas avenidas de los r�os, los ciclones, las plagas y otras circunstancias pod�an arruinar del todo las sementeras, y la comunidad deb�a subsistir de la recolecci�n, cacer�a y pesca. No acostumbraban almacenar los productos agr�colas, aparte de la semilla necesaria para la siguiente siembra.

Los cahitas practicaban el hilado y tejido del algod�n, que crec�a silvestre en su regi�n; tej�an mantas que usaban como vestido, aunque lo m�s com�n era la desnudez en los hombres y el uso de faldas en las mujeres, confeccionadas de algod�n o de gamuza, pues tambi�n curt�an las pieles. Fabricaban objetos de cer�mica, tosca y burda en comparaci�n con la alfarer�a de los tahues. No tenemos noticia de otras actividades econ�micas.

Su organizaci�n social era sencilla, pues el grupo no era m�s que un conglomerado de familias unidas por lazos de parentesco, sin estratificaci�n de grupos y sin que reconocieran la autoridad de alg�n individuo, fuera del caudillo militar cuando estaban en guerra. El matrimonio era monog�mico y se disolv�a con cierta facilidad; exist�a la poligamia pero no era una pr�ctica generalizada. Las familias viv�an en chozas de varas, lodo y palma, como las de los tahues, construidas en sitio seguro, fuera del alcance de las crecientes del r�o pero cerca de las sementeras. No era dif�cil para una comunidad mudar de asentamiento cuando las circunstancias lo requer�an, pues eran escasos los objetos por transportar y las chozas se constru�an de nuevo en el lugar escogido.

A diferencia de los tahues y los totorames, los cahitas eran guerreros y su belicosidad fue un rasgo cultural muy acentuado. Sus armas principales eran el arco, la flecha y la macana; las flechas dispon�an de una punta endurecida al fuego y emponzo�ada con un veneno capaz de matar a la persona herida. Los guerreros se embijaban el rostro y el cuerpo, usaban adornos de pluma y concha y daban alaridos al entrar en combate; practicaban ciertas t�cticas militares, como disponer trampas al paso del contrario y "dar albazos", es decir, atacar al alba por sorpresa y retirarse de inmediato. Los varones adultos del grupo decid�an iniciar la guerra por acuerdo comunitario; reunida la poblaci�n se escuchaba el consejo de los viejos y de los guerreros m�s experimentados, se celebraba una ceremonia con caracter�sticas de rito religioso en la que se inger�an bebidas embriagantes, se danzaba, se fumaba tabaco y se pronunciaban largos discursos en favor o en contra de la guerra propuesta. Las causas m�s comunes eran la invasi�n del territorio propio o la venganza de alg�n agravio. Las victorias militares se festejaban con otra ruidosa celebraci�n en la que se com�a ritualmente el cuerpo de alg�n enemigo que se hab�a distinguido por su bravura.

Los cahitas cre�an en un ser superior y personalizaban las fuerzas naturales, el viento, la tierra, el agua, el rayo o el mar, a las que ofrec�an dones para pedir buenas cosechas, pesca abundante o una copiosa recolecci�n de frutos de la tierra. No construyeron centros ceremoniales ni utilizaron formas complicadas de culto religioso. Un importante personaje de la comunidad era el curandero, que administraba remedios a los enfermos, en ocasiones muy eficaces, porque conoc�a bien la herbolaria. Sus pr�cticas terap�uticas se rodeaban de ritos religiosos, por lo que los jesuitas llamaron hechiceros a estas personas que, como ten�an mucho prestigio en la comunidad, con frecuencia actuaban como l�deres pol�ticos.

Los cahitas eran aficionados a diversos juegos entre los que destacaba el juego de pelota como lo practicaban los indios mesoamericanos, juego muy rudo en el que venc�an los m�s fuertes, resistentes y habilidosos. Gustaban tambi�n de otros juegos de azar en los que apostaban sus escasas pertenencias, como mantas, pieles, adornos de concha y piedras.


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