De los grupos aborígenes que ocuparon el territorio de lo que hoy es Sinaloa, los de cultura menos desarrollada fueron los guasaves, los achires y otros de menor importancia, que habitaban las marismas de la costa entre los rios San Lorenzo y Fuerte, como se aprecia en el mapa II.1 Eran los únicos grupos cuyo idioma difería notablemente de todos los citados.
Guasaves y achires desconocían la agricultura, por lo que su alimentación se basaba en la pesca, la cacería y la recolección de frutos silvestres. Fueron muy hábiles flecheros para cazar los no muy abundantes animales de las marismas y para capturar peces y mariscos, que constituyeron la parte principal de su dieta. Formaban bandas nómadas integradas por individuos emparentados y deambulaban por muy amplios territorios. Carecían de estratificación social, aunque reconocían cierta autoridad en algún hombre adulto. Desconocían el uso del vestido y de la casa. Sabían tejer la paja y el tule para fabricar cestos y pequeñas balsas para navegar en las inmediaciones del litoral. Sus prácticas religiosas eran muy simples y, a semejanza de los cahitas, había entre ellos chamanes curanderos.
Los misioneros jesuitas describieron a los guasaves y los achires como de elevada estatura, de trato afable, pacíficos, bien dispuestos para aprender las enseñanzas de los misioneros y dóciles para asimilar los profundos cambios que los religiosos impusieron en sus costumbres.