Y al norte del R�o Mocorito �qu� pasaba?


Hemos expuesto los sucesos ocurridos en los territorios de los indios totorames y tahues y algunos de los acontecimientos mar�timos del siglo XVI, pero de lo que pasaba en las tierras de los cahitas es poco lo que sabemos, debido a que fueron contados los espa�oles que se aventuraron a penetrar en aquellos parajes. El R�o Mocorito se llamaba entonces Sebasti�n de �vora porque �ste era el nombre de un mulato portugu�s de la hueste de Nu�o de Guzm�n que recibi� encomiendas en ese r�o y ah� se asent�. Por mucho tiempo, el R�o Sebasti�n de �vora fue la frontera del dominio espa�ol en el noroeste; m�s all� era "tierra de indios". Los espa�oles que cruzaban esta frontera dejaron narraciones importantes, a las que nos referiremos en este apartado.

En 1535 Diego de Guzm�n, sobrino de Nu�o, quiso extender los dominios de su t�o y con un peque�o grupo de espa�oles entr� a la zona cahita, donde finalmente nada consigui�. Otros capitanes espa�oles se internaban para cautivar ind�genas y venderlos como esclavos en la Nueva Galicia. En 1536, uno de estos esclavistas, llamado Diego de Alcaraz, se encontraba en el R�o Sinaloa cuando encontr� a cuatro cristianos que ven�an del norte acompa�ados por un grupo de indios pimas (del actual estado de Sonora). Los pimas se quedaron en el lugar, donde fundaron el poblado de Bamoa (en el actual municipio de Guasave) y los cristianos fueron trasladados a la villa de San Miguel de Culiac�n.

Los cristianos reci�n llegados eran Alvar N��ez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Baltasar Dorantes de Carranza y un negro llamado Estebanico, quienes hab�an naufragado ocho a�os antes en las costas de Florida en el Golfo de M�xico y hab�an cruzado a pie todo lo ancho del continente americano (v�ase el mapa III.1). Los n�ufragos relataron las maravillas que hab�an visto en su largo peregrinar por llanos y serran�as que encontraron a su paso, causando gran admiraci�n incluso en las altas autoridades de M�xico, pues all� fueron enviados. Tambi�n el virrey don Antonio de Mendoza dio cr�dito a las ilusiones de los n�ufragos y dispuso que el franciscano fray Marcos de Niza, al frente de un corto contingente y con la gu�a de Estebanico, explorara la ruta que hab�an seguido Alvar N��ez y sus compa�eros. Fray Marcos parti� de la villa de San Miguel de Culiac�n en marzo de 1539, se intern� en la zona cahita y fue bien recibido por los ind�genas. Al parecer, fray Marcos y su gente llegaron hasta lo que hoy es el estado de Arizona, donde muri� Estebanico, por lo que la expedici�n regres� a Culiac�n. Tambi�n el capit�n Melchor D�az, a la saz�n alcalde mayor de Culiac�n, cruz� la zona cahita sin hostilidad de parte de los ind�genas y lleg� al R�o Gila en 1539.

El virrey orden� que saliera otra expedici�n al mando del gobernador de la Nueva Galicia, Francisco V�zquez de Coronado, con el objetivo de encontrar las ciudades de oro que Alvar N��ez dijo haber visto a su paso por las llanuras del norte. V�zquez de Coronado sali� de Compostela de Nueva Galicia en marzo de 1540. A su paso por Chametla, muri� su lugarteniente en un encuentro con los indios xiximes y al llegar a la villa de San Miguel auxili� al alcalde mayor para vencer al indio Ayap�n, que se hab�a sublevado contra el dominio de los espa�oles. En su marcha por los territorios cahitas, V�zquez de Coronado fund� la villa de San Jer�nimo de los Corazones en un lugar incierto que posiblemente estuvo en territorio hoy sonorense. La villa no subsisti� porque los indios cahitas se rebelaron, mataron a los espa�oles y arrasaron la villa. Durante dos a�os, los expedicionarios recorrieron vast�simos territorios sin encontrar huella alguna de las ciudades de oro, as� que volvieron a Culiac�n en 1542 (mapa III.1). Como parte de la expedici�n de V�zquez de Coronado iba por mar Hernando de Alarc�n, a quien nos referimos en p�ginas anteriores, con objeto de apoyar a los que marchaban por tierra; no obstante, los contingentes nunca llegaron a ponerse en contacto.




Mapa que indica la ruta de tres exploradores, en su marcha por  territorios cahitas con el fin de encontrar las ciudades de oro, que Alvar N��ez dijo haber visto a su paso por las llanuras del norte.



MAPA III.1 Exploradores del noroeste. Itinerarios aproximados.

En el curso de los primeros 30 a�os desde que los espa�oles se establecieron en Culiac�n, los indios cahitas fueron observadores de lo que ocurr�a con sus vecinos tahues y totorames, y es posible que ellos mismos sufrieran el embate de las enfermedades europeas aun antes de que los espa�oles pisaran sus tierras, pues la peste se propagaba f�cilmente si alg�n enfermo llegaba a sus comunidades. Los contactos entre espa�oles y cahitas fueron espor�dicos y de diferente �ndole: si los espa�oles iban con violencia, como en el caso de los cazadores de esclavos, los cahitas respond�an con violencia; cuando iban en paz, los ind�genas los recib�an amigablemente y les ofrec�an alimentos. En estos primeros 30 a�os no hubo un intento formal de los espa�oles por conquistar a los cahitas, tal vez porque no hab�a expectativas de obtener un buen bot�n y los conquistadores empresarios no vieron redituable el negocio. Pero en 1564 hubo otra incursi�n espa�ola en tierras cahitas, la de Francisco de Ibarra, que s� tuvo profundas consecuencias en la historia de Sinaloa y de la cual nos ocuparemos en el siguiente apartado (mapa III. 2).




Mapa de las provincias españolas que se establecieron en Culiacán a fines del siglo XVI. Aún no había un intento formal de los españoles por conquistar a los cahitas.



MAPA III.2 Provincias espa�olas a fines del siglo XVI.

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