PROCLAMA DE SANTA ANNA

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"¡MEXICANOS! Veracruz está ya en poder del enemigo. Ha sucumbido, no bajo el peso del valor americano, ni aun bajo la influencia de su fortuna... nosotros mismos, por vergonzoso que sea decirlo, hemos atraído, con nuestras interminables discordias,3 esta funestísima desgracia.

"El gobierno nos debe toda la verdad, árbitros sois de la suerte de nuestra patria: si ha de defenderse, vosotros seréis los que detengáis la marcha triunfal del enemigo que ocupa a Veracruz; un paso más que avanzara, la independencia nacional se hundiría en el abismo de lo pasado;4 resuelto estoy a salir al encuentro del enemigo. ¿Qué es la vida ennoblecida por la gratitud nacional, si la patria sufre un baldón, cuya mancha resultará sobre la frente de todo mexicano? Mi deber es sacrificarme, y lo sabré cumplir.5 Acaso las huestes americanas pasarán orgullosas a la capital del imperio Azteca... Yo no he de presenciar tal oprobio, porque estoy decidido a morir antes peleando.6

"Han llegado los momentos supremos para la República Mexicana. Tan glorioso es morir lidiando, como declararse vencido sin pelear; y vencido por un enemigo cuya rapacidad dista tanto del valor como de la generosidad.

"¡Mexicanos! ¿Tenéis religión?7 Protegedla. ¿Tenéis honor? Libraos de la infamia. ¿Amáis a vuestras esposas, a vuestras hijas? Libertadlas de la brutalidad americana.8 Pero son los hechos, no vanos ruegos ni estériles deseos los que han de oponerse al enemigo. La causa nacional es infinitamente justa. ¿Por qué Dios parece haberla abandonado? Su ira se aplacará si presentamos como expiación de nuestros crímenes los sentimientos de una sincera unión,9 de un verdadero patriotismo. Así el Eterno bendecirá nuestros esfuerzos y seremos inexpugnables, porque contra la decisión de ocho millones de mexicanos, ¿qué valen ocho o diez mil americanos cuando hayan de ser el instrumento de la justicia Divina?10 Quizá os hablo por última vez (faltaban muchas), por Dios, creedme. No vaciléis entre la muerte y la esclavitud; y si el enemigo os vence, a lo menos que respete el heroísmo de vuestra defensa. Ya es tiempo de que cese todo pensamiento que no sea la común defensa; la hora de los sacrificios ha sonado... Despertad... ¡Una tumba se abre a vuestros pies! Conquistad siquiera un laurel que colocar sobre ella.

"Aun no muere la nación11 todavía, lo juro... Yo respondo del triunfo de México, si un esfuerzo unánime y sincero secunda mis deseos. Feliz mil veces el infausto suceso de Veracruz, si el incendio de aquella plaza comunica a los pechos mexicanos12 el entusiasmo, la dignidad y generoso ardor de un verdadero patriotismo, se habrá salvado dignamente la patria! Mas si sucumbe, ella legará su oprobio y su baldón a los que egoístas no quisieron defenderla, a los que traidores prosiguieron sus combates privados, pisoteando el pabellón nacional. ¡Mexicanos! La suerte de la patria os pertenece. Vosotros, no los americanos la decidiréis: venganza clama Veracruz; seguidme a lavar su deshonra.— México, 31 de marzo de 1847.— Antonio López de Santa Anna."13

3 Santa Anna es uno de los primeros con las suyas.

4 Es así, que ha dado muchísimos más pasos y aun emposesionándose de México, luego según su lógica la independencia nacional está ya hundida en este abismo, luego la guerra que ha hecho él mismo, la había calificado de inútil, no diría más una cotorra o un papagayo. ¡Pobre nación!

5 Qué mentira sería ver eso, decía un payo cuando le hablaban del paraíso. ¡Ojalá padre! ¡Ojalá!

6 Ya se ve, como que tenía resuelto entregarnos como a cabras, fugarse con un ejército superior al del enemigo, dispersar los soldados y echarlos sobre las milpas de la hacienda de la Patera para que comieran mazorcas verdes y rehinchieran el vientre con zacate verde.

7 ¿Ud. la tiene?

8 He aquí el apólogo de los cangrejos viejos que andaban para atrás y querían que sus hijos anduviesen para adelante, ¿Y que esto se escriba?

9 Confesando y comulgando cristianamente; echándonos ceniza en la cabeza protegiendo la religión y sus ministros, y no solicitando los bienes eclesiásticos.

10 En ese Caso para vencerlos bastarán los mosquitos de Veracruz, como bastó el ángel de Senacherif que mató en una sola noche ciento ochenta y cinco mil asirios.

11 Es verdad, son inmortales y jamás faltan vengadores de sus ultrajes; hasta la Persia recobró su libertad que le quitó Alejandro.

12 Yo maldigo a ese suceso, aunque estuve encerrado e incomunicado con centinela de vista el largo espacio de trece meses, de donde me trasladaron los gachupines a la casa de la galera por independiente para cubrirme de ignominia; pero no, yo lo amo mucho, y la memoria de su buena gente, a quien deseo prosperidad, arranca hoy lágrimas de mis ojos, y suspiros de mi corazón. Se feliz, mi amada Veracruz!

13 Este sayo no viene a Veracruz que defendió a su patria con honor, valor y entusiasmo, y queda a la posteridad como modelo de tan heroicas virtudes..