CAPÍTULO XVIII
DE OTRO RAZONAMIENTO QUE LOS MISMOS
HACÍAN A LOS QUE YA OTRAS VECES HABÍAN IDO
A MERCADEAR LEJOS

1.- TAMBIÉN los mercaderes viejos hacían algunas exhortaciones a los mancebos que iban a mercadear, que tenían ya experiencia de los caminos y trabajos; con brevedad les hablaban de las cosas que se siguen, diciéndoles:

2.— "Mancebo que aquí estáis presente, no sois niño, ya tenéis experiencia de los caminos y de los trabajos de caminar, y de los peligros que hay en este oficio de andar de pueblo en pueblo mercadeando; ya habéis andado los caminos y ya habéis andado por los pueblos donde ahora queréis otra vez ir.

3.— No sabemos lo que sucederá, ni sabemos si os veremos más. Por ventura allá se os acabará la vida en alguno de esos pueblos y de esos caminos: acordaos heis, en cualquiera que os acontezca, de los avisos y lágrimas de nosotros vuestros padres, que os amamos como a hijo (y) deseamos merecer gozar de vuestra vuelta y de veros acá, con salud y prosperidad.

4.— Ahora, hijo, esforzaos e id enhorabuena, bien sabemos que en vuestro camino no os han de faltar trabajos, que el camino de suyo es trabajoso y fatigoso; tened cuidado de los que van con vos, no los dejéis ni desamparéis ni apartéis de su compañía; tenedlos y tratadlos como a hermanos menores, avisadlos en lo que han de hacer cuando llegáredes a los descansaderos para que cojan heno, y hagan asentaderos para que se asienten los más viejos.

5.— Ya hemos avisado a esos vuestros compañeros, que no han ido otra vez a mercadear, y andar esos caminos a que ahora vais, etcétera, y por eso no es menester alargarnos en palabras. Esto, hijo mío, os hemos dicho con brevedad, idos en paz, haced vuestro oficio y esforzaos."

6.— En habiendo acabado de hablar los viejos, el mancebo respondía brevemente diciendo: "En merced tengo, señores, la consolación que se me ha dado sin ser yo digno de ella; habéis hecho como padres y madres, como si fuera salido de vuestras entrañas; os habéis desentrañado conmigo, habéisme dicho palabras sacadas del tesoro que tenéis guardado en vuestro corazón, que son preciosas como oro y piedras preciosas y plumas ricas, y por tales las recibo y estimo; no me olvidaré de estas palabras tan preciosas, en mi corazón y en mis entrañas yo las llevaré atesoradas.

7.— Lo que os ruego es que en mi ausencia no haga falta en mi casa de quien barra y haga fuego, en ella queda mi padre o madre, o mi hermana o mi tía; ruégoos que tengáis cargo de favorecerlos para que nadie les haga algún agravio, y si nuestro señor tuviese por bien de acabar mi vida en este camino, lo dicho, y con esto voy consolado, cualquiera cosa que acontezca".

8.— Acabadas estas palabras todos los que estaban presentes comenzaban a llorar así hombres como mujeres, despidiéndose el que partía, y después comían y bebían todos.