MÉDICOS

-De ninguna suerte —dije—; mas ya que desespero de curar vuestros males políticos, curaré los físicos. Seré médico. Gran profesión para medrar —me respondió un alma que todavía olía a ungüento amarillo—, si te determinas a seguir mis consejos. Un gran médico lo primero que ha de tener es un coche de última moda, brillantemente charolado; ha de vestir con mucho aseo, y también a la última moda, aunque duerma en un petate, y coma en una cazuelita de a tlaco. Ha de visitar a sus enfermos a horas extraordinarias, para dar a entender que está muy recargado de visitas. Ha de contar en ellas curaciones maravillosas; como que le ha cortado la cabeza a un rico agiotista, a un general de división o a otro personaje; que la volteó al revés, la limpió y se la tornó a pegar; que la operación concluiría cerca de las seis de la tarde y a las ocho de la noche dejó al descabezado bueno y sano en la ópera. Item: ha de ser aristócrata, enemigo mortal de los sansculotes, y si puede ser, sin grave inconveniente, con sus barruntos de monarquista, y aun borbonista, o por lo menos iturbidista.

Éste debe ser el aparato exterior: la suficiencia interior se reduce a saber un poco de latín y de francés, aunque no sepa una palabra de castellano. Un médico de tono, primero se ha de sujetar a que le arranquen la lengua con unas tenazas hechas ascuas, que pronunciar las palabras pecho, barriga, espinazo, baño de pies, reconocimiento del cadáver; sino estotras: afternon, abdomen, glándula pineal, pediluvio, autopsia cadavérica, etc. Sus enfermos jamás han de estar malos del hígado, de fiebre en las tripas y demás enfermedades, sino que han de tener hepatitis, gastritis, enteritis, duodenitis, et ceteritis.

Inmediatamente que llegue a sus manos un sistema nuevo en cualquier ramo de medicina, y mucho más si el autor fuere francés, lo adoptará sin otro examen sino que es nuevo y de moda, aunque el sistema sea el más exótico que pudiera inventarse. Así que, unas veces no aplicará remedios que no sean estimulantes, otras calmantes; unas ocasiones todo se ha de curar con opio, aguardiente y comer mucha carne; otras con dieta rigurosa, sangrías y agua caliente, como el doctor Sangredo. Si los parientes del enfermo son tan necios que permitan que hagan añicos a un pobre febricitante, se planchará a éste como si fuera camisa limpia; y si ni aun de ese modo se anuncia el calórico en la epidermis, lo pondrá en una parrilla como a san Lorenzo, y a fe que el enfermo quedará bien caliente.

He aquí, amiga mía, la conducta que ha de seguir un médico que quiera brillar en el mundo. El que procurare curar con medicamentos sencillos, que llamamos caseros; el que en lugar de las drogas de Europa se dedique a indagar las virtudes de las infinitas plantas de que abundan nuestros campos y de los minerales de que también abunda con profusión nuestro país, el que llame barriga a la barriga, baño de pies al baño de pies, y dijere a los que cuidan al enfermo que no manden a la botica por los medicamentos, sino que los hagan en casa, advirtiéndoles los simples de que se componen, a fin de que les cueste menos y los hagan con más cuidado, ¡pobre de él!, jamás pasará de médico de barrio, no habrá quien lo ocupe, y apenas tendrá una u "otra visita de a peseta. ¿Estás conforme con ser médico?