SU ACERCAMIENTO AL ALMA GRIEGA

Quiero sólo traer ahora al corazón unos pocos de esos textos que su afinado repensar rescató para nosotros. A varios años ya de su partida evocaré las palabras del heleno, el náhuatl y el judío, hechas ya carne de su carne y sentimiento de su alma. He aquí un fragmento del diálogo de voces y tiempos tan distintos. Él lo vivió en soledad; y ésta fue también su poesía y la verdad de su logos. Lo que para él fue meditar, para nosotros será reencuentro, porque quien hizo rescate del verbo de los sabios, quiso dejárnoslo con la sencillez que sólo el amor engendra.

De la versión de su Sófocles oigamos al coro que, contemplando a Antígona, ahonda en su canto sobre la condición de los mortales:

Muchos misterios hay: de todos los misterios, el más grande es el hombre.
Puede él surcar el mar grisáceo y llegar a la opuesta orilla empujado por las revueltas olas. Nada importa que bramen ellas, ni que enfurezca el Sol sus ardores. Marcha seguro y llega a donde intentar pretendía. Hay un ser sólo que puede torturarlo. Es la tierra madre. Es ella incansable, es indomable, pues prodiga, año tras año, innúmeras cosechas a su labor. Pero él con su arado, en interminable afán la labra y recoge de ella el don que aviva, y la fatiga con el trabajo de los caballos.
Pero puede también el alado ejército de los pájaros que sin cesar agitan la cabeza atrapar y encerrar dentro de sus trampas. Como a los peces habitantes de las aguas, que cautivan en sus redes. ¡Ingenioso es el hombre...!
Y la palabra y el pensamiento que vuelan como el viento y las leyes que rigen las ciudades, él solo sin maestro las ha aprendido. Y supo hallar también defensa contra las flechas que le lanza el frío insoportable, o los duros azotes de la lluvia. Para todo halla recursos y remedios. Nada que traiga el futuro incierto podrá superarlo.
Un solo ser resulta para él irreductible. No tiene un sortilegio con que lo rehúya. Es el Averno, en que la muerte lo arroja, por más que para vencer las dolencias, aun las más reacias, tenga remedio y medicina.4


Para el ingenioso y libre griego, preciado era surcar el mar grisáceo, recoger de la Tierra el don que aviva, ser dueño de la palabra y el pensamiento que vuelan como el viento. Pero él también entrevió el misterio, y de todos, el más grande, el que descubría en sí mismo. Como lo expresó en nuestra lengua Garibay: un solo ser resulta para él irreductible [...] es el Averno, en que la muerte lo arroja..."

Su gran contribución, en lo que se refiere a la literatura griega, es la versión y el estudio que hizo de los tres grandes dramaturgos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, y de las comedias completas de Aristófanes. Hasta donde alcanzo a saber, ha sido el único, entre los que hablamos castellano, en realizar individualmente esta empresa de conjunto y tan admirable.

 Diversos estudiosos españoles e hispanoamericanos habían estudiado y traducido las obras de uno o de otro de estos creadores del teatro griego, pero el padre Garibay llevó a cabo la versión directa de la totalidad de las obras, tragedias y comedias de los tres dramaturgos y de Aristófanes. Es interesante añadir que sus versiones expresamente las dedicó a la juventud mexicana, a los estudiantes y al pueblo; por ello rehuyó en sus traducciones cualquier forma de lenguaje complicado; basta con leer una de las comedias de Aristófanes traducidas por él, para ver cómo la obra del genial griego pudo expresarse para siempre en nuestro castellano popular, anecdótico y cotidiano.

4 Sófocles, Las siete tragedias, introducción y versión directa del griego por Ángel María Garibay, Porrúa, México, 1962, pp. 193-194.