No sólo se podría seguir en esta escuela la carrera sacerdotal, apenas creado el estado de Nuevo León, en 1824, el gobierno local dio notable impulso al plantel y lo convirtió en una institución semioficial. El 19 de enero de 1824, en virtud del decreto del Congreso General, quedó establecida en el Seminario la cátedra de derecho civil y canónico. Su catedrático fundador fue el licenciado José Alejandro de Treviño y Gutiérrez, con estudios en San Miguel el Grande y en México. De esta escuela de derecho habrían de salir, entre otros, los licenciados Juan N. de la Garza Evia, José de Jesús Dávila y Prieto, Domingo Martínez, Francisco de P. Morales, Trinidad y Simón de la Garza Mello y Ayala, todos gobernadores de Nuevo León y figuras destacadas en la vida cultural y política del estado.
El mismo gobierno local, en 1826, habilitó al Seminario para otorgar grados mayores de teología y ambos derechos, siguiendo para ello las Constituciones de la Universidad de Guadalajara. Los planes de estudio comprendían las cátedras de lengua latina, retórica, poética, geometría, aritmética, filosofía, teología y ambos derechos. El estado contribuía, además, con 1 000 pesos anuales para su sostenimiento y creó la dotación de becas para nueve jóvenes.
Entre los rectores que más se distinguieron conviene citar al bachiller José Antonio Gutiérrez de Lara, quien se adhirió a la causa de la Independencia; al licenciado José Vivero, vicario general y gobernador de la mitra, vocal de la Junta Gobernadora de 1811 y diputado a Cortes por San Luis Potosí que murió en Monterrey en 1817; al licenciado Juan Bautista Valdés, oriundo de Linares, quien en 1820 fue designado diputado a Cortes, en Madrid; al padre Felipe de Jesús Cepeda, egresado y profesor del colegio, con fama de agrimensor, que trazó las calles de la villa (hoy ciudad) de Guadalupe, en 1836, y autor de varios textos pedagógicos.