En el este y al noreste de Nuevo León la obra evangelizadora fue también muy temprana. Hacia 1630 fue fundado el convento de Nuestra Señora de la Concepción, en Cerralvo. Tenía solamente dos religiosos, uno para administrar los sacramentos a los indios y otro a los españoles. Entre los frailes más notables que allí estuvieron como guardianes, conviene mencionar a fray Francisco de Ribera. Cuando llegó, hacia 1632, al ver en el camino cómo se llevaban a los indios en collera a las minas, "encargó la conciencia" de quienes así los maltrataban. Luego, al conocer la realidad de cómo se vivía aquí, en perpetua guerra, cambió de actitud y hasta expresó: "el que no quiera creer, que venga". En apoyo al gobernador Zavala, quien tenía escrúpulos para someterlos por la fuerza y hacerles la guerra, escribió este religioso un notable Parecer... sobre la guerra justa, que apoyaron once frailes del convento de San Luis Potosí.
Otro convento, el de San Lorenzo, fue fundado en Cadereyta. En 1640 estaba a cargo de fray Francisco Lavado, "religioso de prendas, virtud y letras", al decir del cronista y que fue muerto por los indios cuando misionaba hacia la Florida, siendo muy importante advertir que con este nombre se conocía desde la ribera norte del río Soto la Marina.