2. Aires de independencia

2. Aires de independencia


En poco tiempo los aires independentistas soplaron por todo el sureste, frente a lo cual, en el mes de noviembre de 1815 Juan Nepomuceno, gobernador de Chiapas, expresaba su lealtad al régimen virreinal al informar de la llegada a esa provincia del Capitán General de Guatemala, cuyos "fines particulares no son en servicio del Rey". De Yucatán, Miguel de Castro Araoz enviaba otro curso donde se decía que esta provincia "vive en la mayor vigilancia para mantener la tranquilidad y obediencia a la soberanía del Rey". Este envió, además, auxilios a Tabasco con el fin de prever los proyectos de los rebeldes, que en la próxima seca amenazaban incursionar en Acayucan e incluso insistió ante el virrey sobre la necesidad de enviar tropas a esa provincia. Ya en marzo de 1816, Castro, enterado de la cercanía de los rebeldes en Huimanguillo, respondió al llamado del gobernador tabasqueño Francisco de Heredia y Vergara y le envió fusiles, pólvora, sables y 2 000 pesos, además de algunas consignaciones que debían ir a parar a las Cajas Reales de Mérida.

El virrey agradeció los buenos oficios de De Castro para mantener la paz en Tabasco, provincia que no aceptó la insistencia del infidente Juan Nepomuceno Batres, gobernador intendente de Ciudad Real, quien expresaba su desafecto por los europeos, para unirse al movimiento separatista. De acuerdo con el ramo Infidencias del AGN, el mismo Heredia y Vergara consideraba que:

Pese a todo, el 12 de febrero de 1816, el infidente Atanasio de la Cruz tomó Huimanguillo, y se decía que tenía contactos en Villahermosa para alzarse en armas entre el 23 de diciembre y el 1° de enero. Pretendía tomar también Cunduacán, Acayucan, la barra de Guazacoalcos y Tonalá, así como pedir al gobierno de Veracruz "...que no nombre quien los gobierne, pues ellos pondrán un hijo de su tierra, pues no quieren ser gobernados por forasteros ni gachupines, que no miran por los criollos y por esto están perdidos estos países".

El gobernador tomó las medidas pertinentes para abortar la conspiración y ordenó reunir 400 hombres armados en San Antonio (hoy Cárdenas), dispuso que 50 de infantería y 80 de caballería fueran a restablecer el orden a Huimanguillo, envió hombres también a Acayucan y afirmó que contaba con los habitantes de los Agualulcos, donde, aseguró más de 3 000 hombres dispuestos a tomar las armas contra los rebeldes.

No obstante, se insistía en que la situación de la provincia era crítica porque el estado de las milicias era deplorable, así que tuvieron que pedir al gobierno de Veracruz 10 cajones de pólvora y 50 000 balas de fusil. Había además la posibilidad de contaminarse por las sublevaciones ocurridas en Palenque, Cancuc, Citala, San Bartolomé Guaytiapan y Simojovel en Chiapas. Por si fuera poco, los rebeldes amagaban con atacar Cosamaloapan, los indios de Jalapa estaban disgustados por el restablecimiento de las obtenciones a los párrocos y existía inseguridad en el presidio de la isla del Carmen.

El 5 de marzo, Francisco de Heredia y Vergara informó al virrey Félix María Calleja de los dispositivos tomados en toda la provincia para frenar la rebelión, y envió un comunicado a Huimanguillo y su jurisdicción para informar que "... unos hombres inmorales sin religión y sin principios [...] intentaron formar un plan seductivo y revolucionario contra el Rey nuestro señor". varios infidentes habían sido apresados, entre ellos Atanasio de la Cruz, "casado, de 34 años y no sabe escribir", según decía su declaración. Contó que la noche del 24 de diciembre pasado fue a saludar a don Juan García con una botella de aguardiente. Hablaron de los pobres y éste le preguntó si estaba dispuesto a "coger este pueblo", refiriéndose a Huimanguillo, a lo cual De la Cruz respondió afirmativamente. Una vez tomada la población convocarían a los principales cabos para tomar Villahermosa; comprarían pólvora de libra en libra para no despertar sospechas. Pero, a pesar de acordar una reunión posterior con todos los partidarios, De la Cruz no asistió porque había estado bebiendo en algunos lugares hasta que fue hecho prisionero.

Al parecer, todo quedó en intenciones porque el movimiento no logró realizarse en Tabasco y los de Veracruz no pudieron, como supuestamente querían, elegir a quien los gobernara. No queda muy claro si la revuelta fue sofocada por la eficiente actuación de los gobernadores de Tabasco y de Veracruz, o si simplemente aquélla no había sido posible debido a que no contaba con los seguidores necesarios, de los que alardearon quienes encabezaban el movimiento. No obstante, los reos fueron juzgados, y algunos de ellos condenados a seis y hasta ocho años de prisión, reservando la "pena del último suplicio de la horca" a Atanasio de la Cruz y a Juan Gómez. Las sentencias no se cumplieron porque el 25 de enero de 1817 se les indultó por Real Gracia, previa ratificación de obediencia al Rey, sólo se trató de dar un escarmiento a quienes optaran de manera más decidida por la causa de la independencia respecto de España.

El caso de Atanasio de la Cruz, pese a sus inconsistencias, conforme al libro El fin del dominio español. El caso de los infidentes tabasqueños, de Enrique Canudas Sandoval, puso de manifiesto la exigencia de un cambio en el ordenamiento político

No obstante, hacia 1821 esa causa pareció adquirir verdaderos adeptos, porque las tropas imperiales se hacían fuertes en diversos partidos de la provincia, donde algunos se adhirieron al Plan de Iguala, como en Cunduacán, Macuspana, Huimanguillo y Teapa. El Plan de las Tres Garantías no fue secundado de inmediato, debido a las reticencias de los criollos tabasqueños, sino hasta que Timoteo Sánchez dio a conocer el "Glorioso sistema independiente" en Villahermosa, tomada por los independentistas el 5 de julio, y que volvería a los realistas antes de adquirir definitivamente su independencia el 31 de agosto de ese año, cuando Juan Nepomuceno Fernández Mantecón consiguió la capitulación de Ángel del Toro, el último gobernador colonial.


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