Preparativos de viaje

El de septiembre es mes de fuertes lluvias en Guatemala. El licenciado Maldonado no pudo emprender su viaje de regreso a México inmediatamente después de la llegada de Alvarado, y todavía se hallaba en Guatemala el 16 de octubre de 1539, fecha de la carta que escribió al emperador anunciándole que por lo riguroso de la estación aún no había salido para el norte.

Para Alvarado no era importuna la presencia del oidor de México porque la misión de éste en Guatemala estaba terminada; y no le impedía ocuparse en despachar los asuntos del gobierno, en atender a las obras de embellecimiento de la ciudad, y en hacer frecuentes viajes al puerto de Iztapa, donde se trabajaba activamente en la fábrica de la armada.

Entre las obras que se construían en la ciudad menciona el cronista Fuentes y Guzmán la casa capitular, un edificio de varios pisos cuyo diseño y planta dice haber visto en el archivo del cabildo, varios molinos a lo largo del Río de la Magdalena, que hoy se llama Guacalate y corre al pie de los volcanes, y la introducción del agua del Chorrillo para la cual contribuyó el adelantado con los materiales y el estipendio de los peones, asignando para tal fin los servicios de los indios de Tecpán Guatemala que poseía en encomienda.

El obispo don Francisco Marroquín había construido, en la plaza mayor, la iglesia catedral, con sacrificio de sus propias rentas y de la hacienda particular de los vecinos, gastando en ello más de cinco mil castellanos. El adelantado, por su parte, había levantado su propia casa y palacio de gobierno, y los vecinos, siguiendo su ejemplo, edificaban activamente sus residencias, contribuyendo de este modo a mejorar el aspecto material de la capital de la Colonia.

En carta dirigida al emperador el 18 de noviembre de 1539, le informaba Alvarado que tenía presta para salir a descubrir, una armada compuesta de doce galeras y naos gruesas, una galeota de veinte bancos y un bergantín de trece que había construido rápidamente con el propósito de embarcarse en el próximo mes de enero. Fundaba la prisa puesta en la fábrica de las naves, en el alto costo de mantenimiento de la mucha gente que había traído de España, la cual, unida a la que en Guatemala estaba esperando su llegada, hacía un grupo de setecientos hombres de pie y de caballo. A estos setecientos había que agregar ciento y tantos que acababan de desembarcar en Puerto Caballos y que llegaban en busca suya, y muchos más que acudían diariamente, así de la provincia de León de Nicaragua como del reino del Perú. Esta afluencia de hombres sedientos de aventura le alentaba a emprender pronto la expedición, en la cual decía que llevaba muy grandes hombres de la mar.

En la probanza de Juan Rodríguez Cabrillo, hecha en Guatemala en 1560, se dice que a este capitán le confió el adelantado la fábrica de la armada y navíos que hizo en el puerto de Iztapa, y que luego lo nombró almirante de la misma. Le invistió, además, de autoridad para mantener en paz a la gente reunida en Iztapa con motivo de la construcción de las naves y lo autorizó para entender en el despacho de la armada hasta que ésta estuvo lista para navegar. De Iztapa llevaron los navíos a dar la carena al astillero de Jeravaltique, situado en la costa de San Miguel, y finalmente al puerto de Acajutla.

La armada no estaba presta para hacerse a la vela en enero de 1540 como anunciaba el adelantado, quien se encontraba todavía con su gente en Guatemala en la primavera de aquel año. En efecto, el acta del cabildo de 19 de mayo consigna que ese día se presentó el gobernador y capitán general y anunció estar de partida con su armada en demanda de las islas de la Especiería, y que dejaba encargado del gobierno, como su lugarteniente, al licenciado don Francisco de la Cueva.

Los historiadores coloniales han conservado la consulta que en esta ocasión hizo el cabildo al adelantado acerca del destino del rey cakchiquel y del rey quiché, presos en la cárcel de Guatemala. La consulta constaba en el acta de la sesión del cabildo de 19 de mayo de 1540 y dice así:

Este día los dichos señores dijeron que su Señoría tiene presos a Sinacam y a Sequechul, señores de Goathemala, e que su Señoría se va agora en su armada e porque, estos indios siempre han sido rebeldes, e de su estada en la tierra se teme que se levantarán e harán algún alzamiento con que la tierra se pierda; e por ende, que piden a su Señoría, que o los lleve en su armada, o si han hecho por qué, haga justicia de ellos: porque de quedar ellos en la tierra, especialmente si se huyen de la cárcel, que lo pueden bien hacer, se podría recrecer algún alzamiento, de que se recrecería grande deservicio a Dios nuestro Señor e a su Majestad, e gran fatiga de guerra a los españoles e muertes de ellos. E su Señoría dijo, que lo verá, e hará lo que más convenga al servicio de Dios e de su Majestad, e bien de la tierra e pacificación de ella.

Las últimas palabras de Alvarado sellaban de antemano la suerte de los desventurados príncipes indígenas. En las crónicas del tiempo de la Colonia se expresa la creencia de que los llevó en la armada y perecieron en lejanas tierras. Ximénez dice que Alvarado "salió de Guatemala llevando consigo a los dos caciques Zinacán y Zequechul inicuamente despojados de sus señoríos". Vázquez escribe que estuvieron presos muchos años "conservándoles las vidas el piadoso don Pedro de Alvarado hasta el año de 1540". Y agrega que "es de creer los llevaría consigo en su armada". Fuentes y Guzmán dice en un lugar de su historia que el adelantado tomó partido de llevarlos en su armada, probando así "la misericordia y compasión con que trataba a los indios"; y en otro, "haber llevado consigo a los dos reyes de Utatlán y Goathemala con otros caciques de cuya infidelidad se recelaba".

Los cronistas Vázquez y Fuentes y Guzmán se caracterizan en la literatura histórica guatemalteca como los apologistas incondicionales del conquistador español. En contra de sus aseveraciones y eufemismos acerca de este asunto, el Memorial de Sololá, escrito por los indios cakchiqueles, asienta en lacónica frase que "Trece meses después de la llegada de Tunatiuh [Alvarado] fue ahorcado el rey Ahpozotzil Cahí Ymox. El día 13 Ganel [26 de mayo de 1540] fue ahorcado por Tunatiuh en unión de Quiyavit Caok". El manuscrito indígena solamente menciona la muerte en la horca del rey de los cakchiqueles Cahí Ymox a quien los castellanos llamaban Sinacán. Se supone, sin embargo, que Sequechul, o sea el rey quiché Tepepul, corrió la misma suerte.

Los gobernadores españoles acudían corrientemente al recurso de ahorcar a los jefes indígenas a fin de mantener aterrorizados y sumisos a los naturales de la tierra. No había transcurrido un año desde la muerte del Ahpozotzil cuando el licenciado don Francisco de la Cueva, lugarteniente de Alvarado, mandó a ejecutar en forma semejante a otros señores cakchiqueles que habían provocado su enojo. Demostrando su imparcialidad y el propósito de dar a cada cual lo suyo, el Memorial anota que estas últimas muertes las causó don Francisco y no Alvarado, "quien entonces ya se había marchado para Xuchipillan"

Índice Anterior Nivel anterior Siguiente