Referencia iconogr�fica

Jos� Joaqu�n de Herrera
(1792-1854)

El 14 de diciembre de 1845, el general Mariano Paredes y Arrillaga se pronunci� contra el gobierno del general Jos� Joaqu�n de Herrera, en San Luis Potos�, con el Ej�rcito de Reserva. Este Ej�rcito hab�a sido reunido en la Ciudad de San Luis Potos�, y su objetivo era pelear en el norte y detener un posible avance de los norteamericanos sobre nuestro pa�s.

El levantamiento no sorprendi� a nadie, excepto al Presidente Herrera, hombre honrado a carta cabal. Todav�a, a finales de agosto de 1845, el Presidente Herrera le cubr�a las espaldas a Paredes, cuando crec�an los rumores de su posible pronunciamiento: "Yo contemplo a U. mortificado con la grita que forman los papeles p�blicos; pero es necesario que tenga U. filosof�a, persuadido de que el Gobierno desprecia, como debe, la estrategia que se est� empleando para dividirnos y triunfar" 2 .

El gobierno de Herrera hab�a sido un gobierno muy popular en su inicio. Hombre moderado, quiso gobernar con la raz�n, procurando llegar a los t�rminos medios. Como suele suceder en estos casos, no qued� bien ni con los liberales ni con los hombres de bien m�s conservadores. Dos medidas no le perdonaron los liberales puros: mantener las Bases Org�nicas con reformas y tratar de negociar con Estados Unidos una paz honrosa. Los monarquistas ve�an su administraci�n como un gobierno d�bil, ap�tico, que corr�a el peligro de caer bajo el influjo de los federalistas puros.3

Referencia iconogr�fica
12 de junio de 1843
Norma constitucional

Mariano Paredes y Arrillaga ten�a un largo historial en pronunciamientos. Hab�a iniciado el de 1841, que termin� con la Primera Rep�blica Centralista de las Siete Leyes, pero ese movimiento fue capitalizado por Antonio L�pez de Santa Anna. Tambi�n comenz� el movimiento que arrojar�a de la silla presidencial a Santa Anna, en diciembre de 1844, pero nuevamente quedar�a al margen del gobierno. Este era, pues, su tercer pronunciamiento de importancia, y ahora s�, no estar�a dispuesto a que nadie lo hiciera a un lado.

El Plan de San Luis constaba de diez puntos: por ellos declaraba nulos los actos del gobierno de Herrera, cesaba en sus funciones a las C�maras y al Poder Ejecutivo, convocaba a un Congreso Extraordinario "con amplios poderes para constituir a la naci�n" sin restricciones en sus funciones, nombraba caudillo de la revoluci�n a Mariano Paredes y en el art�culo 9� protestaba que no se pretend�a la elevaci�n personal del caudillo militar. La principal justificaci�n del levantamiento se centraba en la posici�n del gobierno de Herrera hacia la negociaci�n con Estados Unidos, por lo que el caudillo se compromet�a a realizar la guerra por todos los medios posibles.4

El general Paredes, en los meses anteriores al levantamiento, hab�a tenido contacto epistolar con Salvador Berm�dez de Castro, ministro de Espa�a en M�xico, y Lucas Alam�n, l�der de los hombres de bien conservadores. Ambos escrib�an a Paredes sobre lo que deb�a tener su Manifiesto: "(�) ellos juzgaban indispensable una manifestaci�n m�s expl�cita para ofrecer garant�as al clero, a los propietarios, a los comerciantes y, en fin, 'a la gente de orden', lo mismo que a los diversos elementos del Ej�rcito. Deber�a estar muy claro para todo mundo que el fin perseguido por ese movimiento era la instauraci�n de un tipo completamente distinto de autoridad"5.

La idea de Berm�dez de Castro y Alam�n era establecer una monarqu�a constitucional, con un rey espa�ol de la Casa de los Borb�n. La iniciativa fue apoyada por el gobierno espa�ol e incluso fue sondeada en Francia e Inglaterra. Los espa�oles pensaban que la monarqu�a pod�a dar estabilidad a M�xico y ser un dique importante al expansionismo norteamericano.6 Paredes, sin embargo, siempre se mantuvo muy cauteloso. Nunca habl� abiertamente de monarqu�a y fue adaptando su posici�n pol�tica a las circunstancias del momento. Recordaba, sin duda, c�mo la Carta de Guti�rrez Estrada de 1840, en favor de la monarqu�a, hab�a levantado una tempestad, que por poco le cuesta la cabeza a su autor.

Referencia iconogr�fica
Mariano Paredes y Arrillaga
(1797-1849)

En lo que era muy claro el pensamiento de Paredes es en que estaba totalmente en contra de los federalistas exaltados, a quienes detestaba. Quiz�, m�s que la posibilidad de establecer una monarqu�a, lo que motiv� a Paredes a movilizarse fue el hecho de que en octubre de 1845, los federalistas puros o exaltados hab�an tenido un �xito rotundo en las elecciones. Por lo tanto, Paredes quer�a impedir que los "sans culottes" llegaran a las C�maras, en enero de 1846.

Tambi�n parte muy importante de cualquier levantamiento militar era el eco que ten�a en la capital de la Rep�blica. Paredes ten�a como principales agentes de la revoluci�n en M�xico a Juan N. Almonte y Jos� Mar�a Tornel. El 30 de diciembre, la guarnici�n de la Ciudadela se pronunci� y el �xito de la revoluci�n estaba asegurado. El general Gabriel Valencia, genio del oportunismo, quiso capitalizar el movimiento a su favor, pero Paredes lo hizo a un lado sin miramientos.

El 1� de enero de 1846, Paredes entr� a la Ciudad de M�xico. El d�a siguiente se reunieron los militares y redactaron un Acta General del Ej�rcito, que hac�a adiciones al Plan de San Luis. Siguiendo el esquema de las Bases de Tacubaya, de 1841, el jefe de la revoluci�n formaba una Junta de representantes de los departamentos para designar a la persona encargada del Poder Ejecutivo. El Presidente interino estar�a sujeto a las leyes vigentes y el Congreso, al expedir la Constituci�n, no alterar�a los principios y garant�as que la Naci�n ten�a adoptados para su organizaci�n interior. La Junta eligi� Presidente a Mariano Paredes y Arrillaga.7

En los d�as siguientes, el Presidente nombr� al gabinete: Joaqu�n Mar�a Castillo y Lanzas en Relaciones, Juan N. Almonte en Guerra, Luis Parres en Hacienda y el obispo Luciano Becerra en Justicia.8 El 10 de enero, el general Paredes dio un Manifiesto a la naci�n, en donde expresaba esencialmente que ven�a a establecer un gobierno de orden, a constituir a la Naci�n, con un Congreso revestido de plenos poderes, sin l�mite alguno, para formar unas nuevas instituciones que mantendr�an "los dos grandes principios en que reposa la sociedad mexicana, la independencia y la libertad."9 Para muchos, el Manifiesto era una alusi�n velada a la monarqu�a. En el mes de enero, Paredes parec�a devolver la confianza de la gente en el gobierno. Por lo menos no titubeaba ni daba la impresi�n de debilidad, como el gobierno de Herrera. A decir verdad, hab�a hecho lo m�s f�cil y faltaba lo m�s dif�cil: enfrentar con �xito la agresi�n americana y cohesionar a la �lite pol�tica y a la sociedad bajo un s�lido liderazgo.

2. "Jos� Joaqu�n de Herrera al Sr. General Mariano Paredes y Arrillaga, M�xico, 30 de agosto de 1845", en M�xico al iniciarse la guerra con Estados Unidos de Am�rica, M�xico, Ed. Porr�a, 1974, p. 592.
3. Cf. BUSTAMANTE, Carlos Mar�a de, El nuevo Bernal D�az del Castillo, o sea Historia de la invasi�n de los anglo-americanos en M�xico, M�xico, Imp. de Vicente Garc�a Torres, 1848; SOTO, Miguel, La Conspiraci�n Mon�rquica en M�xico, 1845-1846, M�xico, Ed. Offset, 1988.
4. Manifiesto y Plan de San Luis (14 de diciembre de 1846), en V�ZQUEZ, Josefina (coord.), Planes en la Naci�n Mexicana, M�xico, Ed. El Colegio de M�xico-Senado de la Rep�blica, 1987, Libro cuatro: 1841-1854, p. 289.
5. SOTO, Miguel, Op. cit., p. 52.
6. DELGADO, Jaime, La Monarqu�a en M�xico (1845-1847), M�xico, Ed. Porr�a, 1990; SOTO, Miguel, Op. cit.
7. Acta General del Ej�rcito (2 de enero de 1846), en V�ZQUEZ, Josefina (coord.), Op. cit., pp. 296-297.
8. MORENO, Lucina, Cat�logo de la Colecci�n Lafragua, 1821-1853, M�xico, Ed. Universidad Nacional Aut�noma de M�xico, 1975, p. 886.
9. "Manifiesto del general Mariano Paredes y Arrillaga, M�xico, 10 de enero de 1846", en BUSTAMANTE, Carlos Mar�a de, Op. cit., pp. 115-119.

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