Comoquiera, la buena disposición gubernamental y la relativa tranquilidad imperante permitieron que los establecimientos fabriles aumentaran paulatinamente. Se fundó entonces la Compañía Popular de Artesanos con el fin de fomentar la unidad y cooperación entre el gremio. Hacia 1870, esta asociación, que en un principio se había mantenido al margen de la política, comenzó a tener una participación más activa y abierta, en tanto, empezaron a esgrimirse argumentos de corte socialista. Su presidente manifestaba que sin los obreros "no existiría ningún señorón" y que la clase trabajadora no podría seguir soportando indefinidamente un régimen de explotación como el imperante. Este viraje al obrerismo llevó a la compañía a la desaparición; pero dejó el espacio para fundar otra organización de artesanos y comerciantes: la Sociedad de las Clases Productoras, creada en 1877, que sería el organismo gremial más importante de Jalisco durante unos diez años. Cuando se desintegró esta última, dio lugar, por una parte, a que aparecieran varios sindicatos y, por otra, a que se formara la Cámara de Comercio de Guadalajara.
La Iglesia no se mantuvo al margen de la creciente problemática de la clase
obrera, cuyo número aumentaba día tras día. Por su iniciativa cobró vida en
1874 el Círculo de Obreros Jaliscienses, con ánimo de ayudar a los trabajadores
accidentados o a las familias de quienes hubiesen fallecido.