El crecimiento industrial continuó en constante ascenso. Al poner en marcha el plan de Desarrollo Industrial, el gobierno de Luis M. Farías inició la descentralización fabril con la apertura del parque industrial de Linares, sucediéndose los de Pesquería, Sabinas Hidalgo, Anáhuac y otros.
Desde los años cincuenta había sido reforzada la infraestructura con la construcción de oleoductos y gaseoductos. La crisis por la devaluación del peso desestabilizó en 1982 a las empresas más grandes, pero no paralizó sus actividades. El gobierno de Miguel de la Madrid estableció un fideicomiso para la cobertura de riesgos cambiarios (FICORCA) con apoyo de más de 6 000 millones de dólares. El sexto informe del gobernador Alfonso Martínez Domínguez asienta que en 1979 Nuevo León exportó productos locales por 355 millones de dólares, y que en 1984 se advirtió un superávit de 124 millones. La descentralización de los fideicomisos de Nafinsa (Nacional Financiera) y los del Banco de México, que establecieron oficinas en Monterrey, favoreció también la actividad financiera. En esa década se establecieron 7 000 nuevas empresas.
El gobierno de Jorge A. Treviño creó Proexport Nuevo León, a fin de apoyar la actividad industrial hacia el exterior. Los resultados se advirtieron en la industria maquiladora que, de ocho establecidas en 1985, pasó a 180 en 1991. Las exportaciones de Nuevo León representaron el 1.9% de las nacionales en 1986 y el 5.2% en 1990.